Carrera Popular de Ibercaja

12 Mayo 2009 at 13:12 (Deporte) ()

Rompiendo mi regla de no publicar más que una entrada por día, por larga que tenga que ser, no puedo dejar esta información para más tarde dado que tal vez a alguien le pueda interesar.
Se trata de la XXXI Carrera Popular de Ibercaja en Teruel, carrera que ni los propios organizadores (IberCaja y el Servicio Municipal de Deportes) se han molestado en publicar en Internet ni darle publicidad con tiempo suficiente por las calles. Mucho Teruel Existe y luego cosas como ésta.
Gracias a esto, me equivoqué al recordar uno de los pocos carteles que vi este lunes por la calle (lo mejor que encontré en Internet fue esto), de tal manera que me he organizado el trabajo para este fin de semana de forma totalmente incompatible con mi participación.

Dejando de lado matizaciones personales, voy a informar para todos aquellos que les interese de los datos de la misma:

– Inscripción: En el Servicio Municipal de Deportes (tfno. 978 61 77 30), donde la piscina climatizada. Por si no va el link, Calle San Juan Bosco, 4. El horario es de 9:30 a 14:30 y de 16 a 18 en días laborables (los viernes no abren por la tarde).
– Coste: Gratuita.

– Día y hora: 17 de Mayo (del 2009), Domingo, a las 12:00.
– Longitud: 3.800 metros.
– Salida: Desde el propio Servicio Municipal de Deportes antes dicho.

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Otra vez con algo de tiempo libre, pero no mucho

12 Mayo 2009 at 12:42 (Aventuras y Desventuras) (, )

Ahora que ya no tengo que cuidar al perro, vuelvo a tener días laborables con horas libres totalmente insospechadas. Como hoy, que había terminado de currar a las 10. Ni qué decir tiene que a esas horas, con los pedazo desayunos que me tomo, no tenía ni pizca de hambre y el almuerzo se me ha hecho bastante cuesta arriba. Pero me lo he comido todo.

En cualquier caso, parece que voy a volver a tener tiempo libre, y que algo repercutirá en el blog. Aunque no sea mucho, ya que tengo que recuperar el tiempo perdido y desgastarme los codos con el francés y, sobre sobre todo, con el inglés.

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April fool!

22 Abril 2009 at 18:42 (Aventuras y Desventuras) (, )

Se va a acabar el mes y no voy a poder explicar que la última entrada no fue sino una broma por ser el “día mundial de las bromas”. Para los que no lo sepan, podríamos decir que el 1 de Abril corresponde a nuestro Los Santos Inocentes.

La broma está basada en hechos reales. Así que la voy a rescribir, esta vez siendo fiel a la realidad.

Fui por el campo y atasqué en pleno barrizal de arcilla pegajosa. Tuve que recular y entonces me patinó la furgoneta hasta que el borde del camino se derrumbó y fui a parar a un campo de cebada. Poca cosa, la verdad, porque ni llevaba mucha velocidad ni hubo consecuencias para la furgo, a excepción de que acumuló barro sin conocimiento en la rueda y luego iba muy descompensada. A 90 km/h el temblor del volante era bastante amplio. Cuando llegué a casa le tuve que sacar el tapacubos y hacer virguerías para limpiar la rueda bien por la parte interna. Aún me tiembla el volante, pero sólo a 120 o más.

Con respecto a mi jefe, no se porto mal del todo. Si bien es verdad que tuve que llamar yo al ganadero, tampoco tuve el aplomo suficiente en el momento para decirle que llamara él. Además, al medio día me volvió a llamar preocupado para saber si había podido salir bien parado de la situación o si me había quedado sin vehículo, y por ende, sin casa.

El motivo de tanto retraso es, básicamente, que hora que tengo libre es hora que gasto con Calimero. Además, otras muchas cosas prioritarias se me están acumulando. Hasta me he tenido que desapuntar del equipo de fútbol. Por eso mismo, esta entrada es muy corta para lo que es habitual en mí.

 

Por otra parte, hablar de Calimero me recuerda que el día que atasqué me lo llevé al curro conmigo, lo que me sirvió para jugar con él la media hora que estuve esperando a que me desatascaran. Luego también jugué con él en la nieve. A ver si cuelgo las fotos y vídeos un día de estos.

Al menos ya he cambiado el aceite de la furgo, aunque se me pasó advertir al mecánico que mirara lo del temblor porque fue bastante imprevisto. A este paso la furgoneta la quemo en 5 años como mucho.

 

 

Lo cual me recuerda que llevo recopilando un listado de todos los viajecitos que hago para mi jefe y que pienso pasarle a cobrar a fin de este mes. Si alguien sabe a cuánto puedo cobrarle, legalmente, que me lo diga. Espero que no sean los 0,19 céntimos por kilómetro que ya me han dicho, porque de ser así, voy a perder mucho dinero. He calculado el gasto real, con diesel, ruedas y aceite, pero sin otras cosas ni el riesgo ni desgaste extra inherente a conducir por los lugares que voy, y lo supera por 7 céntimos.

Cualquier ayuda será bien recibida, ya que tengo la intención de preguntarle primero a cómo me lo piensa pagar y si me dice un precio inferior decirle que se mire la ley. Si me lo dice superior, por supuesto me lo callo.

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Atasco, accidente y riña

1 Abril 2009 at 10:35 (Aventuras y Desventuras) (, , )

Iba ayer yo tranquilamente por el campo, cuando de repente me metí en medio de un atascazo increíble. Imaginaos que vais por medio del campo y de repente ya no podéis avanzar ni un metro. Claro que si os habéis imaginado que la culpa es de una fila tremenda de coches, la culpa es de vuestra mente urbanita, que cualquier mente abierta u observadora sabría que ayer, a base de nieve y lluvia, los caminos estaban impracticables.

Ahora que ya he hecho la gracia, lo explico mejor. Me tocó ir solo a vacunar unos corderos. El poco curro que tenía a la vista (media hora) se complicó en el momento en el que el coche me empezó a patinar en una pequeña cuesta embarrada. El barro se encontraba en el punto exacto de humectación en el cual forma pesadas capas de cinco centímetros de espesor contra toda superficie que contacta con él. Así que las ruedas enseguida empezaron a patinar. Tras unas cuantas eses (a 20 km/h), tuve la relativa suerte de hacer un agujero en el suelo, con lo que la furgoneta se quedó clavada en vez de irse a un lado.

Comprobado que era imposible llegar hasta la paridera, decidí que la única manera de salir de ahí era metiendo la marcha atrás, para que la propia pendiente me ayudara a salir del bache. Luego ya llamaría a mi jefe para que el ganadero viniera a recogerme.

Tras derrapar un poco más, logré salir. Entonces me dí cuenta de que tenía casi todos los cristales y espejos con limo. Conducir marcha atrás con escasa visibilidad era difícil. Además, notaba como la furgoneta se iba poco a poco hacia la izquierda. Me derrapaba y no podía enderezarla. Así que suavemente fui a parar a un campo de cebada en el que la rueda delantera izquierda atascó hasta el fondo. Tras salir y comprobar que era más que imposible salir para una persona sola (e incluso 5 juntas), tranquilamente tomé la decisión de pasar al siguiente punto de mi plan, que era llamar a mi jefe en busca de ayuda.

Mi jefe me propuso que me fuera andando hasta la granja del ganadero y una vez allí le pidiera ayuda. Le contesté que ni hablar, que lo lógico es que llamara al ganadero y éste viniera directamente con el Land Rover (y una cuerda) a sacarme. Entonces me dio su número de teléfono para que yo le llamara. Le pregunté que por qué no le llamaba él, que era lo lógico y además era un gasto más para mí. Me dijo que yo sabría lo que hacía, pero que si quería salir de ahí, si él fuera yo, llamaría al ganadero, porque tal vez él no pudiera llamarle hasta el medio día. A su vez le dije que si estaba hablando conmigo sí que podía llamar al ganadero, y que ya había hecho yo suficiente con venir con mi coche y jugármela en semejante barrizal, que podía haber volcado y todo (así de inclinada estaba la furgoneta).

En fin, atasco, accidente y riña con palabras y malas palabras que ya os contaré en que quedan. Estoy por llevar la furgoneta a un taller para que me revisen la rueda izquierda, que ahora el volante me tiembla y antes no. Supongo que simplemente se le ha metido tanto barro que ahora está descompensada, pero que lo miren allí y luego mi jefe me pague la factura. O tal vez no. Ya os diré.

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Amenazas sin precedente sobre el Pirineo aragonés y Concentración en Portalet

31 Marzo 2009 at 18:50 (Medio ambiente / Ecología / Ecologismo, Tocadas de…) (, )

A diferencia de la iniciativa esa de la WWF para apagar las luces una hora entera el fin de semana pasado, que creo absolutamente inútil e ilógica, anuncio una charla y posterior protesta a favor de la protección de las montañas ante la especulación urbanística y de las pistas de esquí.

La reunión informativa será el jueves 2 de abril, a las 20 horas, en el salón de actos de la “Federación de Barrios”, C/ San Vicente de Paul 26, 2º (Zaragoza).

La protesta (o manifestación) será el 19 de Abril en el Portalet. Consistirá en la usual excursión que hacen por el medio de las pistas de esquí. En mi opinión, hacen muy bien en reclamar así un camino que es de todos, para uso y disfrute de la naturaleza, y cuyo entorno jamás debería ser destruido como lo están haciendo.

Más información en Plataforma en Defensa de las Montañas de Aragón.

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Jefergúmeno energéticamente ineficiente

30 Marzo 2009 at 23:58 (Aventuras y Desventuras) (, , )

Mis fans (uno, para ser exactos) me reclaman. Por eso voy a dejar de lado a Calimero y dedicarme un poco a esto de la escritura, que se me acumulan muchas cosas en el tintero y al final tengo que optar únicamente sólo por las de índole personal y no todas, sino unas pocas. Hablando de Calimero, en realidad no lo he dejado de lado, sino que tengo una hora y media muerta entre francés e inglés y no voy a volver al pueblo para estar con él media hora. Lo que debería de hacer son los deberes que nos mandan, o estudiar un poco, que precisamente con el perro no hago nada de lo que debo.

Sin más dilación, voy a entrar en materia. Como el título indica, voy a hablar de mi jefe. Si habéis leído algo al respecto, sabréis que voy a hablar, por lo menos, de su estilo de conducción. Como es habitual en mí, no exageraré, sólo puedo hacer algún comentario sarcástico.

Empezando por los orígenes, mi jefe tenía antes una furgoneta Kangoo. Era raro el día que le metía la quinta. Es del tipo de gente que aprieta el acelerador hasta el fondo y hasta que no alcanza las 3.000 revoluciones por minuto no sube de marcha.

A veces me pregunto si tiene problemas de oído, ya que también tiene por costumbre poner los intermitentes (e incluso luces de emergencia) y no quitarlos hasta que lleva más de 5 minutos conduciendo. Sin ir más lejos, la semana pasada, para salir de la autovía, puso el intermitente derecho con 2 kilómetros de antelación (mucho antes del primer cartel azul de salida). Lo bueno es que al menos usa los intermitentes. Pero cuando al salir de la autovía recorrimos unos diez kilómetros por carreteras comarcales (de esas que no tienen ni línea de separación de carriles), y da la puñetera casualidad de que nos cruzamos varios coches que no saben a qué atenerse con nosotros, la cosa empieza a ponerse seria.

Volviendo a lo de usar marchas demasiado cortas, haceos a la idea de que con la furgoneta aquella le vi ponerse a 120 km/h en tercera. No fue un caso aislado, aunque tampoco frecuente. Al menos solía meter cuarta, aunque la quinta no la usara casi nunca.

Aun recuerdo cuando su mujer se compró un coche de cambio semiautomático y me dijo a mí que se le quejaba de que no tenía tirón, es decir, que en el modo automático metía marchas más largas de a lo que estaban acostumbrados. La solución de mi jefe fue decirle a su mujer que si fabrican coches que no se pueden conducir, pues que fuera en modo manual constantemente y se acabo. Nada de aprender a conducir de una vez, sino perseverar en el error.

De hecho, en las ocasiones que hemos ido los dos en mi coche, mi jefe y yo, siempre me ha estado diciendo, además de por dónde tenía que ir, si cambiaba de marcha demasiado pronto. Para empezar, tengo mejor orientación y memoria (ya sé ir a todas las parideras mejor que él). Además, visto lo visto como copiloto suyo habitual, raro es que yo yerre al elegir el camino más corto o al valorar cuál es el mejor en aquellos casos en los que podemos “rascar suavemente” los bajos con pedrolos de veinte centímetros de diámetro. Para terminar, mis cambios de marchas se los tiene que comer con patatitas y retorcerse pisando pedales imaginarios, porque jamás he calado con él ni me ha hecho falta rectificar y bajar de marcha.

En resumen, me pone enfermo cuando me toca poner a mi el coche para los dos por sus continuas indicaciones sobre cómo tengo que conducir. Es más, me pone doblemente enfermo, porque ante todo tengo que poner yo mi coche para la empresa.

Retrocediendo otra vez a lo de la furgoneta, desde que se ha comprado un coche con 6 marchas, ¿adivináis cuál es la máxima que mete? Quinta. La cuarta sigue siendo su preferida. La sexta se la reserva para poblados. Como lo leéis. La única ocasión en la que le he visto meter la sexta ha sido en una carretera muy concreta de 80 km/h que, por si fuera poco, atraviesa un pueblo por un lateral. Vale que en ese tramo casi ni entra en el pueblo; vale que seguramente nadie viva en esas dos casas a mano derecha; pero leches, hay carteles indicando que es poblado, que está prohibido ir a más de 50 y él sabe que hay varios ganados pululando cerca y que justo a la salida hay una curva muy cerrada y un puente de un solo carril.

Así que, por si acaso echaba en falta las sensaciones fuertes que comenté hace poco menos de un mes, la semana pasada (también) mi jefe tomó una curva de 40 a 70, salió acelerando para meter la sexta, entrar en poblado y alcanzar los 180 km/h, y nada más alcanzarlos, desembragar para frenar apuradamente con sólo las pastillas, tomar otra curva de 40 a 80 y pico, acertar entre baranda y baranda del puente, y lograr no estamparnos contra el fondo seco del barranco o contra alguien en sentido contrario. Recuerdo que pensé que “está haciendo un día muy bonito, pero no tanto como para morir”. Me debió de leer el pensamiento. Por haberme alegrado demasiado de haber salido vivo de esta enseguida volvió a meter la sexta. El resto de la carretera comarcal, insisto que de 80 km/h (según el Código de Circulación), discurrió a 150 km/h.

A este paso voy a desarrollar alguna enfermedad crónica en las glándulas suprrarenales por tanta secreción de adrenalina, o tal vez el resto del organismo se me habitúe a dicha hormona y pase a no inmutarme aunque me pase una locomotora por encima.

Dejando de lado esta última apreciación, voy a terminar haciendo alusión a lo que el título intenta reflejar.

Resulta obvio que el consumo de diésel de mi jefe tiene que ser algo exagerado. Imaginaos que le he visto circular en primera durante un kilómetro entero. En el coche nuevo que tiene, donde puedo leer los consumos puntuales, no resulta raro que alcance el máximo de 30 l/100 km. Por quemar gasoil, lo quema incluso cuesta abajo. Es capaz de meter marchas tan cortas que luego tiene que acelerar hasta los 17 l/100 km en pendientes prolongadas y pronunciadas. Peor es cuando a golpe de hombro consigue meter la segunda a 80 km/h (o la primera a 40 km/h), para luego mantener el pedal desembragado y ni siquiera retener con el motor.

Una de las ventajas del marcador de consumo es que ahora sé cuándo empieza a frenar antes de llegar a una curva. Otra ventaja es que un día, en el que apretó no sé qué botón, vi que su consumo medio es de 7,7 l/100 km (según el manual de Suzuki debería de ser de 6,6 para el mixto –desde 5,7 hasta 8,1–). Yo, que cambio a marchas bastante largas, gasto 5,16 (supuestamente 5,8 –el de carretera pura y dura, es decir, el mínimo, sería de 5,1–). Cómo lo logro es un tema que tengo pendiente.

En conclusión, en todas estas ocasiones me gustaría preguntarle si sabe lo que significa la aguja esa que hay junto al velocímetro, esa en la que pone “rpm x 1000” y que está junto a la de “km/h”. Aunque lo más probable es que no sepa ni para qué es ésta segunda.

Por otra parte, pensándolo bien, que me toque poner a mí mi coche tampoco es tan malo, especialmente si voy a trabajar solo. De este modo el periodo de inseguridad física de mi persona se reduce a las horas en que estoy entre mierda u ovejas locas, sin contar que además puedo llevarme a Cali y enseñarle mundo, pararme a hacer fotos donde me dé la gana, o cualquier otra cosa sana y segura.

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Reuniones de trabajo

23 Marzo 2009 at 12:36 (Aventuras y Desventuras) (, , )

La primera reunión fue la tan esperada de la ADS. Se trata de una reunión anual en la cual se supone que mi jefe, perceptor de importantes subvenciones por ser titular de una ADS, organiza una cena para devolver parte de las mismas entre todos los ganaderos inscritos en la misma (sus clientes en realidad). Se supone que así se gasta todo lo que ha solicitado al Estado en base a, por ejemplo, “ayudas para la instalación de comederas para Comerrún”. No quiero entrar más ahí, pero me da la impresión de que tales ayudas jamás son invertidas en nada, sino que mi jefe se las queda en el bolsillo y que luego no gasta ni la quinta parte de lo que le dan en la susodicha cena.

De todas maneras, lo que hoy me interesa es la cena en sí. Cena a la que acuden todos como hienas hambrientas y sedientas, para comer hasta hartarse y beber hasta no poder caminar en línea recta. De ahí que sea tan esperada (meses antes de celebrarla ya me preguntan que cuándo va a ser). Por mi parte, admito que yo también como chuletas de cordero como un buitre, pero qué le voy a hacer si no puedo permitírmelas en todo el año. Lo que desde luego no hago es jugármela bebiendo de más sólo por llenar el buche a la voz de gratis.

Este año, mi segundo en este tipo de reuniones, ya tenía algo de experiencia y supe dónde no sentarme. En otras palabras, no repetí la experiencia del año pasado, cuando me dejaron vacante el asiento al lado de la única mujer que acude siempre a la cena. No es que ella me cayera mal, pero la pobre, que podría ser mi madre, es un muermo y a su alrededor la gente se comporta demasiado bien, con lo que genera un aura de aburrimiento insufrible. Si bien podrían acudir más mujeres a la cena, que para eso suelen ser ellas las propietarias del ganado y sus maridos los pastores que ellas contratan (resultado lógico de las leyes para la jubilación), no es éste el caso. Puede que sean lo suficientemente inteligentes como para saber que estarían fuera de lugar, o puede que sus propios maridos les oculten esta posibilidad. El, por tanto, extraordinario caso de la mujer que siempre acude se explica si tenemos en cuenta la familia a la que pertenece. Es, precisamente, mujer de aquél miembro de la Junta cuyo hermano denunció al hermano de otro miembro de la Junta. No es por nada, pero en esa familia, con lo chacales y malos que son, lo raro sería que la mujer no fuera también a una comida “de gratis”.

Como decía, este año me senté bien lejos de dicha familia, y por lo menos me reí. Aunque también tuve que sonreír a la fuerza, y mucho rato, cuando empezaron a contar historias “de golfas”. Por un lado, me parece muy triste tener que recurrir a tales mujeres, pero más tristes es si tenemos en cuenta que casi todos ellos están casados. Además, son muy cansinos y repiten una historia que podría ser contada en un minuto hasta alcanzar el cuarto de hora. Con lo cual, de tanto sonreír por pura educación y con la esperanza de que dejen de repetirse al entender que ya lo has pillado (no me sale reírme en falso), las mejillas llegan a doler.

Os ofrezco un ejemplo verídico a la par que sufrido (por mi parte), elegido por no introducir personajes nuevos. El presi de la ADS, que estuvo solicitando mis atenciones de forma completamente inusual, más que seguro gracias a la ayuda de los cubatas almacenados entre pecho y espalda (como sus rubicundas mejillas demostraban), me contó cierta historia “graciosa”. Trataba sobre otro miembro de la Junta, el bocas del que ya hablé. Resumiendo, cuando tenían unos 22 años, el bocas fue a ayudar al padre del actual presi a esquilar su rebaño, tarea que les llevó dos días agotadores (madrugones, riñonadas y peleas con las ovejas). Para su sorpresa, el dueño del ganado le pagó bastante dinero, el cual no pudo evitar dejar de fundir en una sola noche. Al día siguiente, cuando se reunió de nuevo con su quinto, estaba hecho polvo. El último le preguntó que qué le pasaba, a lo que el bocas le respondió “¡Ay, C.! No sé para qué nos dio nada tu padre. Qué mal que pasan las ovejas, ¡pero qué suaves pasaban las tías anoche!”.

Oír esta frase unas 20 veces (y el relato completo unos 15 minutos), agota mentalmente a cualquiera. Especialmente cuando no te hace ni pizca de gracia simplemente porque no se la encuentras, sin contar siquiera con que confesó que a esa edad ya tenía novia (su actual mujer). Lo único que pude replicar al muy bocas, en lo cual parece ser que el presi no había caído en la cuenta tras más de 25 años de amistad, fue que ya sería para menos. Que a lo sumo pagó a dos mujeres sus servicios, que las nueve que pretendía el fantasmón de él, tras y antes de madrugar a las 5, para esquilar cien ovejas a mano por día, y luego yéndose de fiesta hasta las tantas, era humanamente imposible por muy joven y vigoroso que fuera. Con eso y sonreír me quedé.

A las dos de la mañana, tras oír cada vez más de lo mismo, pensé “hasta aquí hemos llegado”, y me fui a casa a dormir. Lo mejor de todo fue que al día siguiente (un viernes) no trabajé, ya que mi jefe, responsable de pagar hasta el último cubata, tuvo que quedarse hasta que el último golfo también se piró. Menos mal que no les invita también “al club”, porque, con lo buitres que son, seguro que los restos de la subvención se le quedaban cortos con creces.

En cualquier caso, al día siguiente a mi jefe no le apeteció madrugar y no hubo trabajo. Por tanto, en toda la semana sólo trabajé dos días, aunque el jueves fuera bastante ajetreado y tuviera que comer a las 5 (y luego cenar a las 9:30).

La otra reunión fue el último jueves en el Colegio de Veterinarios. Casi prefiero la de los ganaderos, que son más simples y lo único que les tira es el estómago, con lo que siempre sé a qué atenerme. Por el contrario, con los veterinarios, donde abundan los hipócritas y traidores, junto con los imbéciles de remate, me pongo de verdadera mala leche.

Para empezar, las reuniones empiezan siempre media hora tarde “por si acaso viene alguien más”. A la tercera ya me lo aprendí, y ahora soy yo el que llega siempre media hora tarde. Luego comienza la tanda de intervenciones estúpidas y contraproducentes que no llevan a ninguna parte. Puedo soportar que la gente desvaríe y se vaya por los cerros de Úbeda en cada intervención, o incluso que vuelvan a temas de los que ya se ha hablado, pero que digan exactamente lo mismo hasta en cinco ocasiones entre tres personas (sí, los hay tan imbéciles que repiten), no lo soporto. Sobre todo cuando una reunión que podría llevar como mucho tres cuartos de hora se alarga hasta las dos horas y media largas. Parecía más bien una convención de retrasados mentales donde cada cual lo único que quiere a toda costa es arrimarse el ascua a su sardina, sin importar un bledo alcanzar a un consenso en el que salgamos ganando todos.

Otro motivo por el que me puse de mala leche fue que la Junta de Dirección del Colegio está compuesta por varios hijos de puta mayúsculos. Hipócritas que solicitan y exigen cumplir con el código deontológico y ética profesional, cuando ellos son los primeros que no dudan en pisarle el cuello al primero que se cruza en su camino (camino que no es suyo). Ejemplos hay muchos, pero baste recordar a mi querida “vecina del pueblo”, la que me hizo aquella putada tan gorda el primer año y el segundo me la volvió a intentar jugar. Este tercero ya veremos qué hace, o mejor dicho, qué me dejo hacer. Volviendo a la reunión en sí, hubo cierto momento en el que tuve que solicitar zona de actuación para la campaña de vacunación antirrábica, y me intentaron endilgar la zona de Teruel, que es la peor, por “tener yo una ADS en esa zona”. Rápidamente les contesté que, en primer lugar, yo no poseo ninguna ADS, y en segundo lugar, la zona en cuestión ya estaba repleta, así que no podía ser de ninguna manera. Mi jefe saltó también en seguida, desde la otra punta de la sala, en mi defensa y dando dentelladas. Bien clarito dejó que yo no soy titular de ninguna ADS, que si acaso no lo saben siquiera en el Colegio. Todo parecía indicar que me la estaban intentando volver a jugar, pero en cuanto oyeron esta frase bajaron la mirada y aceptaron que yo eligiera lo que más me convenía.

Volviendo a mi mala leche, el punto culminante fue el dolor de cabeza que me entró. Supongo que fue de pura deshidratación, que con el día tan ajetreado no me dio tiempo casi ni a beber agua.

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Calimero, un perro con suerte bastante listo

19 Marzo 2009 at 14:56 (Aventuras y Desventuras) ()

Calimero es un perro cruce de perra pastora (chucha) y mastinaco español. Cuando a los dos meses de haber nacido lo iban a matar, entre otras cosas por ser el más pequeño de la camada, tuvo la suerte de cruzarse con Eva y que sus amos mostraran algo de humanidad. Estos le propusieron a la primera que le pusiera una inyección letal en vez de matarlo a cogotazos, como es usual. Eva tuvo que contestar que eso no iba a ser así, dado que el barbitúrico letal está controlado al mililitro por el estado. Esto es muy lógico, no sea que a un veterinario loco le dé por matar contribuyentes en vez de, como es el caso, ovejas enfermas. En resumidas cuentas, que lo iban a matar de una forma algo desagradable enfrente de ella, y sin pensáserlo mucho (aunque muy bien hecho), lo adoptó.

El segundo golpe de suerte de Cali fue que la familia de acogida le tratara más que bien y encima contara con dos veterinarios a su disposición día y noche. El pobre había pasado tanta hambre que, analizando las heces, observamos que había estado comiendo pienso para corderos. Por supuesto, lo primero fue darle una alimentación apropiada a su edad y desarrollo del aparato digestivo, junto con un programa de desparasitación completo totalmente personalizado y con un seguimiento permanente. Desparasitación que le vino como agua de Mayo. Imaginaos que estuvo estreñido dos días por las pelotas de gusanos que posteriormente logró tirar. Además de cantidad, el tamaño de las mismas era proporcionalmente monstruoso. Hice fotos de alguna lombriz que le llegaba desde el ano hasta el suelo y aún no la había terminado de echar.

El tercer golpe de suerte le llegó al venir a vivir conmigo, a una casa de campo que cuenta con corral propio. Aunque yo y su dueña pasamos muchas horas con él, las pocas que está solo no puede quejarse de monotonía. Además, también poseo una furgoneta muy apropiada para transportar animales (la compré pensando en hipotéticas mascotas), con lo que me lo puedo llevar al curro los días que trabajo solo.

Además de tener suerte él, parece que la contagia a los de su alrededor, ya que, por hablar de la primera semana que ha venido conmigo, resulta que he trabajado sólo 2 días y el resto los he pasado con él paseando y enseñándole cosas. Ni qué decir tiene que tras la semana de frío tan horrible que pasamos, aprovechar estos días de sol en el campo no tiene precio.

Lo que más me gusta de Cali es lo increíblemente listo que es. Habiendo estado sólo dos semanas conmigo, ya he conseguido enseñarle muchas cosas: su nombre, responder correctamente a “ven”, “vamos”, “toma”, “¡no!” y “quieto”, no comer de su plato hasta que yo se lo permito, no tener miedo a la gente (y luego a que no se vaya con cualquiera), ni tampoco miedo a los perros (se meaba de pánico, pero enseguida vio que cierto perro que yo tenía fichado no hacía nada malo), aceptar pasear con correa, no morder nada en casa (sobre todo los cables), no entrar a las habitaciones que no le dejo (como la cocina), no subirse a ningún tipo de asiento apropiado para humanos (durmió en sofá durante semanas, así que no fue tan sencillo), no cagar en casa (el pis aún no se lo aguanta), que recoja una pelota y me la traiga, y creo que no me dejo nada. Tengo vídeos y fotos para demostrar que es verídico.

Al principio no podía creerme que naciera en Navidad. La mayoría de las cosas no me ha costado más de 3 minutos enseñárselas. El sistema recompensa-castigo funciona maravillosamente bien.

La recompensa es simplemente darle de comer, jugar con él, o una simple caricia y palabras de enhorabuena. Mi opinión es que dar golosinas a los perros lo único que hace es malacostumbrarles a que no te hagan caso cuando realmente necesitas que te lo hagan y no llevas encima ninguna.

El castigo, que básicamente es levantarlo en vilo por la piel del cuello y gritar “¡no, no, no!”, es más que suficiente (sospecho que tenía miedo a las personas porque le cogían así para pegarle). Además, sólo es necesario en situaciones en las que corre riesgo su seguridad, como morder cables o no dejarse llevar de la correa, o cuando se encabezona en hacer algo a lo que ya está acostumbrado, como subirse al sofá.

En cualquier caso, no es que yo sea un buen adiestrador, sino que el perro es muy inteligente y ya venía medio enseñado. Por ejemplo, cuando quiere hacer sus necesidades, suele avisar gimiendo o gruñendo un poco, además de que se contiene mucho. Basta estar atento para saber que tengo que sacarlo al corral, y entonces le doy un premio para reforzarlo.

La única pega del perrico es la afición que tiene a morder a las personas (a los niños jamás). A veces se pasa de la raya, pero espero que se le corrija por sí solo en cuanto crezca. De momento no le riño demasiado porque cuando lo he hecho se ha creído que le reñía por jugar, y no se trata de eso.

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Llorones

13 Marzo 2009 at 22:54 (Aventuras y Desventuras) (, )

Tenía apuntada por ahí una historia curiosa desde hacía casi un año que por fin voy a dar a conocer. Sin embargo, antes os he de poner en situación (espero poder detallar cada punto en próximas entregas).

Primero, Cali (abreviación de Calimero), el perro salvado por Eva, se ha venido a vivir conmigo al pueblo. Segundo, ayer fue la cena de la ADS (¿recordáis la pre-reunión?), con lo que llegué a casa muy tarde (a las 2 de la mañana). Tercero, si habitualmente tengo el sueño bastante ligero, esta semana, que he dormido bastante (sólo he trabajado 2 días), con más razón.

Esta mañana me he despertado con los aullidos y lloriqueos de Cali, que cierro por la noche en una habitación en el piso de abajo (se trata de una vivienda unifamiliar). De este modo, espero que se acostumbre tanto a dormir solo como a estar en un piso, por lo que pudiera depararme el futuro (ojalá que cambie).

Como decía, me han despertado los aullidos de Cali. He pretendido ignorarle y continuar con el sueño hasta alcanzar las 8 horas, pero no he podido de puro cargo de conciencia. Al final he bajado a darle de comer y dejarle salir al corral a eso de las nueve y media. En ese momento, cuando he abierto la puerta, me he dado cuenta de que no era él el que estaba lloriqueando, sino el perro del vecino. Muy torpe por mi parte por varias razones. Por un lado, el ruido era externo a la casa, y por otro lado, Cali jamás ha aullado de semejante manera. La moraleja de la historia es que tener mala conciencia sobre algo te puede hacer creer lo increíble.

Todo el asunto me ha recordado a la historia que he comentado al principio. El año pasado, durante el mes de Abril o Mayo, pasé una temporada durante la cual tenía pesadillas todas las noches. Tantas tuve, que incluso me acordaba de alguna de ellas al alba y decidí anotar alguna de ellas. Concretamente, voy a contaros una pesadilla que tuve cierta noche de sábado que me quedé en el pueblo.

En el sueño, yo estaba en una casa de pueblo de Teruel, de aquellas viejas. Me encontraba en una habitación más bien oscura. Acababa de entrar a ella por una puerta de dintel bajo, adoptando la clásica postura de jorobado de Notre Teruel. Atrás dejé alguna otra estancia también muy poco iluminada, y delante se me presentaba otra puerta aún más pequeña que daba a unas escaleras cuyo fin era imposible discernir por la absoluta ausencia de luz. En este punto, con tanta oscuridad y viéndome enfrentado a unas escaleras con peldaños desiguales, de altura típicamente doble a la habitual hoy en día, y profundidad bastante escasa para mis pies, en este punto ya empecé a sentir cierto desasosiego.

De pronto, mi hermana Paula, pasó junto a mí y bajó por las escaleras a toda mecha. En su conjunto, no recuerdo muy bien por qué, parecía que estuviera loca. Cuando digo loca quiero decir esquizofrénica. Una vez abajo, empezó a dar gritos que, desde luego, terminaron de matar cualquier gana que yo tuviera de atravesar la puerta de la escalera, pero, al mismo tiempo, tampoco podía volver por donde había venido abandonándola allí. Estaba paralizado, entre la duda y el pánico.

Lo malo de veras comenzó cuando se calló, porque dio paso a una serie de lloros agudos y penetrantes propios de un bebé. En el sueño tuve clarísimo que había dado a luz. Tan rápido como yo comprendí esto, mi madre atravesó de pronto la estancia en ayuda de mi hermana, al tiempo que me gritaba que hiciera algo útil y fuera a por toallas.

Pero yo no podía. Los llantos me tenían paralizado. Además, no me explicaba cómo podía haber dado a luz a ningún ser si no estaba embarazada. Relacioné esto con su locura manifiesta y llegué a la conclusión de que todo era obra del Maligno.

El clímax de la pesadilla llegó cuando, tras este rápido razonamiento, mi madre restauró sus gritos exigiendo ayuda, aunque esta vez desde abajo, todo junto con un redoblado llanto. Había una segunda criatura en escena. Ésta subió reptando las escaleras sin dejar de gemir. Cuando se abalanzó sobre mí, con demasiado afán para mi agrado, no podía zafarme de ella debido tanto a que estaba sanguinolenta y, por tanto, resbaladiza, como a la tremenda fuerza con que se aferraba a mi brazo. En la lucha que siguió intenté encender la luz (ya sé que lo podría haber echo mucho antes, pero recordemos que era una pesadilla), pero la criatura me arrastraba lejos del conmutador y no lograba alcanzarla ni siquiera con el pie.

En la vida real, en la cama, mi corazón estaba desbocado. Me desperté gimiendo y dando patadas dirigidas a encender la luz. Lo que hice fue propinarle alguna a Eva. El problema, no obstante, era que yo creía estar despierto pero ¡seguía oyendo el llanto del Anticristo! En la más completa oscuridad, no sabía si estaba despierto o no, y ni siquiera dónde estaba. Así que me incorporé, frenético, sudando, con el corazón a 190 y tirando las plumas por ahí (todo es verídico, especialmente el sudor frío).

En este punto, mi paleocórtex dejó actuar al neocórtex. Tras esos segundos que parecieron minutos, por fin empecé a razonar, ubicarme y dejar de lado temores tan irracionales. No obstante, junto a la voz de Eva diciéndome que me tranquilizara, continuaba oyendo los tétricos lloros. Pese a todo, deduje que debían de ser de corderos recién nacidos de ciertas ovejas que estaban a unos 20 metros de mi habitación. Os lo creáis o no, también recordé y comprendí inmediatamente el verdadero alcance de la película titulada El silencio de los corderos. Creo que casi nadie comprende realmente el significado de un título tan sobrecogedor. Seguramente la adrenalina ayudó bastante en la cadena de razonamientos tan rápidos y acertados.

Aunque había reservado esta historia para Mayo, por las curiosas coincidencias que he dejado resaltadas en negrita, no sé si tendré tiempo para hacerlo, así que aquí la presento.

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Conversaciones Carlistas en medio de una ventisca

9 Marzo 2009 at 10:09 (Aventuras y Desventuras) (, , )

La primera conversación interesante de la tarde fue la que mi jefe no mantuvo conmigo, sino con el veterinario que estaba antes que nosotros ecografiando a las ovejas.

Versó sobre cierto compañero del Colegio al que diagnosticaron leucemia hace dos meses. Vale que es una putada para él y su familia, sobre todo porque es autónomo y no tiene seguro, pero no es ético lo que trata de hacer ninguno de ellos. Lo mire como lo mire, y no por el enfermo precisamente, se trata de una injusticia más en el mundo. Lo primero que hay que tener en cuenta es que el enfermo está respondiendo muy bien al tratamiento; tanto que ya le han dado el alta. Sin embargo, no debe de ser verdaderamente consciente de que no puede ni podrá trabajar en ambientes cargados de patógenos como el nuestro hasta dentro de muchos años. No hay cliente que esté dispuesto a soportar esto por muy bueno que sea. Sus animales necesitan cierta atención y no entienden de citas previas.

Entre las injusticias, primero resulta que la solución a su obvia indisposición para seguir él solo con su ADS no es contratar a un ayudante, sino repartirse los clientes de la misma en una especie de merienda de veterinarios negros, donde los “negros” son otros veterinarios amigos suyos. Por cierto, que sus amigos son todos dueños de alguna ADS de la provincia, ya que el año que se inventó e instauró el rollo este de las ADSs, mi jefe y todos sus amigos terminaron la carrera y se las repartieron a dedo. No tengo más que decir que todo ellos tienen casi casi la misma edad, con un intervalo máximo de 5 años (mi jefe, desgraciadamente, es de los jóvenes).

En segundo lugar, informo de que el veterinario al que han decidido darle la parte mayoritaria de la ADS de forma “temporal” es justamente el que estaba ecografiando cuando llegamos allí. No obstante, son tan inútiles que, aun jugando con semejante ventaja, han dado tiempo suficiente para que reaccionen los de cierta cooperativa aragonesa (compuesta por esclavistas y sacasangres de veterinarios recién licenciados). Si bien los segundos son unos grandísimos hijos de puta que no merecen los favores de ningún veterinario que se precie, tampoco creo que el perpetuar un sistema feudalista-caciquista como el que pretenden los de las ADSs sea mucho más ético. Esto y cómo les denominaba “mamones” mi jefe fue de lo poco que pude oír con ventisca y desde 3 metros de distancia, mientras el mismo me daba la espalda y se alejaba de mí, todo seguramente a sabiendas en un intento de dejarme al margen.

La tercera injusticia es que la hermana del enfermo, funcionaria de la DGA, se supone que le va a intentar “enchufar en algún rincón”. Según mi jefe, tendría que ser “funcionario de lo que sea, si fueran medio normales”. Como si fuera normal o siquiera justo.

La segunda conversación comenzó así: “¡ah!, que me han dicho que tu vecina ha abortado”. ¿Mi vecina? No sabía en quién pensar, ya que en el pueblo vivo prácticamente solo y rodeado de septuagenarias. Por supuesto, mi vecina no era otra sino la veterinaria trepa aquella que, a modo de bienvenida al gremio, me hizo un par de putadas gordas (las expliqué en el anterior y difunto blog).

No sé si es que soy muy malo o me estoy volviendo, pero no inspiró en mí la más mínima pena. No es que me alegre, ni muchísimo menos, pero si esperan que vaya a su casa a expresarle mis sentidas condolencias, no me sale. No soy tan hipócrita.

Lo único que me salió fue preguntarle a mi jefe si había sido consecuencia de la brucelosis (fiebres maltas). Me lo tenía que haber callado, más que nada para contar con información que los demás desconocen. Mi jefe no sabía nada del asunto. Yo lo sabía porque el médico del pueblo es un poco bocazas y me lo soltó un día que fui a hacerme un chequeo (el único día que he ido).

Hay días en los que, después de todo, no tengo muchas ganas de tomarme las cosas con humor, sobre todo in situ. Estuve tan enfadado que cuando al regresar mi jefe me estaba contando lo de la otra veterinaria, dejé caer mi cabeza de lado y me puse a roncar con los ojos en blanco. No quiero ni pensar lo que hubiera dicho o hecho si me llega a pillar.

Tal vez la entrada contenga algún punto gracioso, pero no ha sido mi intención más expresa. Pese a todo, el tiempo enfría las cosas y como he sido sarcástico, no dejo de ponerle la etiqueta correspondiente.

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