Un día laboral raro y…

22 Abril 2008 at 14:37 (Aventuras y Desventuras) (, , , )

Hace unos días tuve un día atípico. La causa fue que llovió en Teruel. No es por nada, pero si a los del tiempo les dieran de comer en función de cuántas veces acertaran, los únicos que iban a comer serían los gusanos que iban a criar. Dicho con palabras más suaves, es realmente raro que llueva en Teruel (la sequía es realmente acuciante) y justo el día que dicen que no va a llover, va y llueve. Por esto, mi jefe había ido planificando la semana creyendo que iba a llover para trabajar a resguardo. El último día de la semana, cuando pareció que el temporal había pasado de largo sin dejar ni gota, pretendía ir a un lugar a cielo abierto.

Obviamente se equivocó, por lo que me pegué un importante madrugón para luego llamar y concertar con el ganadero que era mejor ir otro día. Al mismo tiempo, el presi de la ADS, que es un tanto pesado pero conviene hacerle la pelota, llamó el anterior día para ir sin falta a pincharle un ciento de ovejas. En consecuencia, tampoco podía irme a casa de rositas, dado que aunque era poco el trabajo a hacerle, tampoco me parecía bien abandonar a mi jefe. Así que me quedé y almorcé a las 9, una hora después de haber desayunado.

Así que ahí estaba yo, sentado junto a la barra, charlando con mi jefe y comiéndome un bocadillo con una coca–cola. De repente, un individuo (de aproximadamente mi edad) se me acerca por la espalda y me dice “¡Joder, cuánta barba!”. Está claro que la conversación que estábamos teniendo quedó pospuesta ante semejante intromisión. Sobre todo si tenemos en cuenta que el gacho ese estaba a unos 20 centímetros de mi cara, precisamente entre mi jefe y yo. A bolos nos quedamos los dos, pero sobre todo yo, que precisamente ese día era uno de mis días con poca barba (nunca me rasuro, por problemas dérmicos).

Tras unos segundos algo más que incómodos, va y me aclara que desde atrás se había creído que era una muchacha de buen ver, y que se había asustado al verme por delante. Según él le había inducido a equivocarse el pelo largo, que debería de haber pertenecido a una rubia despampanante o algo así. Y eso que con la ropa del trabajo de invierno no dejo ver mucho la “silueta”. Pero atención, que no me chupo el dedo: ahora ya sé lo que es sentirse radiografiada por un baboso (incluso cuando no sea realmente feo). Así pues, el sentimiento mayoritario que tuve fue repelús, superando con creces incluso a la vergüenza instigada por la risa de mi jefe (y saber que cuando se aburra se lo contará a los ganaderos, familiares, etc.). Tanto más si tenemos en cuenta que el individuo añadió que no me sintiera ofendido, que él podía seguir admirándome desde atrás. Es más, que bien pensado iba a seguir.

 

Como comentaba, el día transcurrió hasta que por fin fue hora de acudir a la segunda cita, que realmente fue la primera. Eso sí, entre medias, gracia divina, dio tiempo a que a la furgoneta de mi jefe se le saliera todo el líquido refrigerante por todo el motor en dos ocasiones, así como a luego tener que arrancar con ayuda de unas pinzas. Personalmente, sin tener mucha idea de si es posible o no, creo que el propio líquido refrigerante, al salir proyectado con presión y mancharlo todo, fastidió la batería o el contacto de ésta.

La verdad, es que no me importaba mucho el motivo. Al menos tuve la ocurrencia de responderle a mi jefe que usara el coche de su concuñado en vez del mío para arrancar la furgoneta. De este modo me ahorré una buena caminata y una hora de viaje.

En cualquier caso, lo que no me ahorré fue un constipado de aúpa. También achaco a estar en la intemperie el dolor de tripas que tuve por la tarde y noche.

En fin, que está claro que hay gente que nace con estrella y gente estrellada. Obviamente lo digo por mi jefe, que resulta que tantas averías en el coche se le aparecieron justo un día que el trabajo fue suspendido (imaginaos todo eso en medio de la nada) y encima, por si fuera poco, el mismísimo día que fue a cambiarse de coche a un concesionario. Vamos, que tenía encargado hacer un intercambio de coches ese mismo día. No sigo hablando de la buena suerte que tiene porque pareceré celoso, aunque bien mirado el tema tiene miga y no creo que deje de comentarlo algún día.

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