… y un día laboral habitual

24 Abril 2008 at 17:19 (Aventuras y Desventuras) (, , )

Si la anterior entrada hacía referencia a sucesos no muy habituales, puede que os preguntéis cómo es un día corrientito. Bien pues, tengo que lidiar con las ovejas que se tercien. Por si fuera poco tanto término taurino, incluso este año estamos embolando ovejas. No os asustéis, que aunque los términos que acabo de emplear sean más o menos correctos, las ovejas realmente no están (aún) al nivel de peligrosidad de una res brava. Por eso voy a explicar (y parodiar) un poco más cada una de esas palabrejas.

Para empezar, hablo de tercios. La verdad es que no hay tal división temporal. La semejanza hay que buscarla más bien en el ruedo en sí, porque lo que hago día sí y día también es meterme con ovejas en un recinto cerrado. El recinto puede ser de diferentes naturalezas. Puede ser una nave enorme, en cuyo caso lo que hay que hacer es correr tras las ovejas haciendo aspavientos y ruidos amenazadores para espantarlas en la dirección deseada. Siempre existe el peligro de ser embestido por alguna capullina (lo que sería lidiar) o tropezar y ser pisoteado por cientos de pezuñas.

El otro caso es que se trate de unos pocos metros cuadrados, delimitados por vallas móviles. Lo que tenemos que hacer es meter dentro las ovejas que se puedan, en una cantidad lo más asequible posible (una ochentena está muy bien). Entonces nos metemos dentro y ajustamos el tamaño del recinto recién formado lo más posible para que las ovejas que contiene queden prietas y no puedan correr. Así ya comenzamos a trabajar con ellas, parando especial cuidado con las que están a nuestras espaldas. En otras palabras, lidiamos con ellas. Los principales peligros que nos acechan son:

·   Brincos: Las jóvenes (o las más enérgicas) cuando menos te lo esperas se te tiran encima o comienzan a correr sobre las otras. Te puedes desde dar un cabezazo con su cabeza (os aseguro que llevan las de ganar, y de lejos) hasta clavarte una de tus agujas.

·   Cuernos: ¿Necesita esto más explicación?

·   Cabras: Para quien no lo sepa, suelen ir mezcladas con las ovejas. Lo inquietante de ellas es que aúnan las dos características anteriores elevadas al cubo. Saltan mucho más que cualquier oveja y sus cuernos… sus cuernos dan miedo. La definición de pavor debería ser “ver cómo un cuerno puntiagudo y bien dirigido hacia delante se balancea incontroladamente de un lado a otro a escasos centímetros de tus órganos más preciados”.

 

Ya sólo queda explicar el término embolar, que en este caso es una palabra de invención propia que significa poner bolos (chip de identificación de ovejas). Pese al chiste, el tema “embolar” trae cola. Algún día lo comentaré más detenidamente, o de lo contrario os vais a dormir. Tan sólo os avanzo que este maravilloso adelanto implantado en mi ADS justo este año que yo he empezado a trabajar en ella, trae tanto trabajo que nos vemos obligados a trabajar en ello días enteros. Por si fuera poco, me deja un sabor de boca amargo, porque es del todo inútil (es trabajo perdido y de balde) y carente de sentido (existen alternativas mucho mejores). Bendita sea mi suerte. Algún día, cuando lo comente, me entenderéis.

Para colmo, a esta novedad hay que añadir el trabajo normal de anteriores años, a saber:

·   Desparasitar: Esto es básicamente obligarles a tragar a la fuerza un líquido que mancha como si fuera chapapote.

·   Vacunar: Realmente esta es la tarea más rápida de todas, y poco fatigante, ya que en general basta con cogerles un pellizco de piel en el lomo y pinchar ahí.

·   Inyectar algún antibiótico: Poco frecuente. Se parece a vacunar, aunque al ser intramuscular hay que hacer mucha más fuerza con la mano y los pobres animales se ponen como locos (escuece mucho).

·   Sacar sangre: Para la campaña oficial de saneamiento (o erradicación) de la brucelosis. Un coñazo de obligado cumplimiento, no carente de serios riesgos biológicos (contraer brucelosis, obviamente).

 

Lo de sacar sangre, a consecuencia de ser obligatorio por ley, es lo que más veces hacemos. Lamentablemente la característica más deseada en un veterinario es que sea capaz de extraerla muy rápidamente. He aquí la recompensa a tantos años de estudio, el momento en el que percibo cierto orgullo y gratitud a tanto esfuerzo invertido, todo para simplemente sacar sangre a una oveja con cierta rapidez. Algo que cualquiera puede hacer, sin necesidad de empollarse una lista de enfermedades y sus características. Cualquiera puede hacerlo con un poco de práctica (y sentido común). Imaginaos la consecuente gratificación que recorre mi cuerpo prácticamente todos los días.

Ello no quita que los primeros días de mi trabajo no sintiera cierta presión y temor a ser despedido por no ser suficientemente rápido. Por lo tanto, me he estado esforzando durante un año entero para conseguirlo. Tanto que ya comienzo a recoger los frutos y soy incluso más rápido que mi jefe. Por fin le igualo e incluso le supero cuando tengo un buen día.

Y sin embargo, me da igual. Completamente igual. Siento una desidia horrible. Tanto que resulta que ahora, justo ahora que tengo un nivel más que competente, he decidido que me voy a marchar. Este es tan sólo uno de los motivos que me han hecho tomar la decisión. Los demás ya los comentaré.

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