Mitología Hispánica I: El ratón Margaño
Existe un dicho popular que dice algo así como que no pasará un solo día en el que te acuestes sin aprender nada nuevo. Lo que no especifica es si lo que aprendes es real o fantástico. Así, al aplicarlo a mi curro, en la gran mayoría de las ocasiones compruebo que el universo en el que nos movemos por excelencia es el segundo. Os aseguro que tal es la mitología generada en este país, tan arraigada en nuestras raíces, que no tiene nada que envidiar a la egipcia, etrusca, hindú o siquiera la grecorromana.
Precisamente a ciertos mitos griegos me recordó una historia sobre la afición de las víboras (o culebras y serpientes en general) a beber leche (muy extendida por España, por cierto). Dicen que las muy ladinas se escurren por la noche en las parideras y maman directamente de la ubre. Ni imaginarme puedo lo que sentiría una hembra de cualquier especie (mamífera) si le mordiera los pezones una víbora. No digo que le inocule veneno, que no tendría por qué, sino que una víbora, fría y carente de labios, no tendría otra que morderle una y otra vez. Es que creo que lo más parecido que puede hacer a succionar es morder. ¿He insinuado ya lo dolorosa que tendría que ser la masticación continua de tan sensible zona?
Sin embargo, lo malo del asunto no es la leche que robe, sino que encima a la oveja le provoca una mamitis (enfermedad bacteriana, por cierto) que la apaña para el resto de la crianza. En definitiva, para hacer honor a la verdad, éste es un método bastante bueno para exculparse de su propia falta de higiene.
Tenemos una versión más autóctona referente al “ratón Margaño” (creo que se escribirá así). Por curiosidad lo he “ecochado”, pero no aparece nada. (Si existe googlear, como defensor acérrimo de Ecocho me tengo que inventar este palabro.)
Aparte de beber leche y causar mamitis, posee otra extraña pero más que potente cualidad. Parece ser que basta con que pase cerca de la oreja de una oveja dormida para que a ésta se le arrugue la oreja. Imaginaos que putada para los críos que el ratoncito Pérez haga un día huelga o descanso (eso sí, por convenio sindical), y tenga que sustituirle su primo el bandarra. Yo soy hijo de alguno de esos pastores y tiro los dientes por el váter (o los entierro en el gallinero si no tenemos váter).
No he comentado que por “arrugar” se entiende crecer pequeña y con pliegues. Es cierto que a algunas ovejas se les ponen las orejas así; lo he visto. Lo que ellos no comprenden es que sea por motivos genéticos, o dicho de otra manera por facilitarles el entendimiento, motivos hereditarios.
Lo más interesante del caso es que incluso lo cazan en cubos de agua semienterrados. Por algún motivo, el animal, poderoso donde los haya dadas sus grandes cualidades, no es muy inteligente. Basta esta elemental trampa para acabar con él. De todos modos es gracias a esto que sabemos que el supuesto roedor es como un ratón pero con el hocico más alargado (¿será una musaraña? –que de roedor no tiene nada, por cierto–).