Como puta por rastrojo
Dadas las características del trabajo de veterinario de campo, de por sí paupérrimas y despreciadas en general, no debería sorprenderos el título de la entrada. Especialmente en mi caso concreto, donde tales características se ven incrementadas exponencialmente debido a la política de empresa. Sin embargo, esas son otras historias.
No obstante, la chispa la ha dado mi jefe, que últimamente se está pasando bastante de la raya. Cierto es que la raya quedó atrás hace tiempo gracias a su extrema dejadez. Pero resulta que la potencia a la que me ha elevado últimamente, el exponente ese que acabo de nombrar, me ha mandado directamente junto a la nave Phoenix. Sí, hombre, que ya sabéis que es la que anda por Marte en busca de agua y otros indicios que pudieran posibilitar la vida. O la hayan hecho posible. O tal vez, por concretar, por los rastrojos y rastrojeras de Marte.
Entrando en materia, mi jefe parece haber decidido que cuando no haya suficiente trabajo en nuestra propia empresa, me va a mandar a trabajar a otras empresas. Se supone que son amigos, colegas o lo que sea. Se supone que yo debo suponer que voy por la cara. Mi jefe debe de suponer que me chupo el dedo y no me entero de nada de lo que pasa a mi alrededor, porque sé muy bien que tiene trapicheos por ahí. Porque no es la primera vez que sucede una “cesión” de este tipo. Porque, con una seguridad del 85% (ni confiesa ni desmiente), él ha debido de estar todo el resto de la semana tocándose la barriga lindamente.
Vale, soy su empleado y no son de su invención las subcontratas. Pero a mí nadie me dijo cuando firmé el contrato que esto podía suceder. Me siento chuleado. Voy al trabajo con los nuevos jefes con una sensación de mercadeo barato que me fastidia bastante. Porque esa es otra, no sé si es que le parece que me paga mucho (no llego a ser ni mileurista, pero esa es otra historia). Tal vez piense que debe recuperar parte del dinero que me paga cuando la empresa pasa por periodos improductivos.
En fin, que vuelvo a tener dolores bastante fuertes en las articulaciones de la mano derecha y, por si fuera poco, un desasosiego en el resto del cuerpo que no sé muy bien cómo desembocará. Aunque eso sí, para mejorar las cosas, hoy por fin he ido con él y me ha dado una paliza física en toda regla, mientras él se ha dedicado a mirarme y fumar. Por tanto, no os extrañe que mi humor hoy no sea muy halagüeño que digamos. ¡Cuidado que muerdo!