La visita de mi hermana y sus hijicos
No es que mi hermana haya dado a luz. Lo que pasa es que hace unos meses se echó un par de mascotas nuevas, y por fin las he conocido. Yo digo que son sus “hijicos tontos” por la cantidad de trabajo que me han dado, ya que como veterinario me ha hecho mil y una consultas. Lo que viene a ser típico en una madre primeriza. Eso sí, yo encantado y además bien pagado. Y menos mal, que los sobrinos me habrían costado un riñón, descontando la suela irrecuperablemente gastada.
Si alguien no sabe qué mascotas nuevas tiene, podemos realizar un juego simple. Se trata de seguir la serie geométrica que os propongo. Si su primera mascota fue un hámster, y la segunda un conejo enano, ¿cuáles son la tercera y cuarta? Ánimo. Un breve esfuerzo neuronal, que no es muy difícil. Ahí van: la tercera es un perro pequeño (como el doble que un gato), y la cuarta una dálmata. Lo que es difícil, o pavoroso, es imaginarse cuáles serán la quinta y sexta. Aviso que mi conocimiento en vacas cebuínas e hipopótamos no es muy amplio.
Para mí lo mejor ha sido cuando han venido al pueblo donde resido por el trabajo, Gea de Albarracín (acordaos del nombre, al menos hasta que termine la entrada). Han venido ellas tres y mi futurible cuñado. Aunque ya los vi en Zaragoza, una vez aquí me he divertido bastante con los perros.
Trosko, el pequeño, tiene nombre pseudo–comunista, lo cual le pega conmigo (según los ganaderos, aunque esa es otra historia). El nombre le proviene de Trotsky, aunque mi hermana, aun no habiéndomelo confesado, se lo haya puesto porque de pequeña le encantaba un perro muy geniudo que conoció en cierto pueblo del Pirineo. Rescató a Trosko de una perrera siendo muy pequeño y es un perro sin raza, o, según ella, es “rústico”. Lo cierto es que es muy inteligente y valiente, excepto cuando se enfrenta al agua. Agua como la del azud donde lo he arrastrado hoy muy a su pesar. Arrastrado porque yo también me he metido. Pero a él como que le importaba un comino la solidaridad de mis pinreles.
Gea, mayor en talla y en edad, tiene el mismo nombre que el pueblo donde resido ahora (¿recordáis?). Me llevé a correr el primer día. En mi vida me había costado tanto correr cuesta abajo. La señorita decidió que iba a correr mi papi, así que no paró de frenar, sentarse e incluso tumbarse. Le daba igual que le gritara o halagara, que le estirara o empujara, que la arrastrara o masajeara. Ella lo que quería era sentarse y dejarse de chuminadas que no llevaban a ninguna parte, literalmente hablando. “¿Correr? ¿A dónde? ¿Al menos hay pájaros que perseguir? Tú estás tonto, greñudo.” Aparte de perra (¡qué buen chiste!), es muy cariñosa y noble, y el potencial de ligoteo con ella se multiplica por mil. Una auténtica pasada (hablo de su paciencia con los críos, malpensados).
Dos gracias respecto a los nombres que he oído por ahí han sido que Trosko debería llamarse “De Albarracín” (venga, dad caña a esa neurona memorística). La otra es que Gea se llamara “Lenon”, puesto que Lenin también era un comunista (plagiado de Santi).
Cuando cuelgue fotos os lo haré saber. Espero que si los perros me ven en ellas no les flojeen los esfínteres. Por rememorar sus peores pesadillas, digo.
Amor–odio platónico
Cuando leí el artículo referente a la supuesta relación amor–odio existente entre científicos y periodistas, aún los odié más. Me considero más científico que periodista, así que ya sabéis desde que bando hablo. No ejerzo profesionalmente en una línea puramente científica, pero mi formación me hace sentirme hombre de ciencias.
No se trataba más que de un titular sensacionalista para hacer creer que ahora los periodistas son mucho mejor profesionales y que, habiendo sido demonizados injustamente en el pasado, ahora son queridos y bienvenidos pro la comunidad científica. Claro, por eso no puedo meterme poco ni nada con ellos (véase la etiqueta Periodistas / Periodismo). Resulta que ya no dicen tonterías ni distorsionan la realidad.
Dicha distorsión suele proceder de malentendidos y la tediosa costumbre que tienen de modificar las palabras que les dicen. En su afán por abreviar o modificar las entrevistas que realizan, tienden a cambiar palabras vitales en el discurso, de tal manera que a quienes no somos profanos terminan por exasperarnos. Por no hablar de los propios entrevistados, quienes habitualmente les temen porque finalmente puede parecer que son ellos los que han dicho las inoportunas sandeces. No en vano, este temor y aversión al periodista, no sólo no está pasada de moda, sino que es compartida a voz abierta por muchos científicos (incluso he tenido profesores que han dado clases sobre el tema). Pese a que tengamos que reconocer que en última instancia son ellos los que ponen en contacto los avances con el gran público de a pie.
Puede que la principal causa de estos malentendidos, los cuales generan sentimientos bien diferentes al odio y, especialmente, al amor, sea la escasa formación en ciencias de los periodistas. Esto podría ser perdonable, hasta cierto punto. A veces uno se pregunta por qué meten las narices en asuntos donde no entienden ni una palabra, y luego se atreven a retocarlo y retransmitirlo a la sociedad.
Lo que es imperdonable es cuando un periodista se dedica a emplear palabras cotidianas con significados completamente diferentes (insisto, hace no mucho puse unos magníficos ejemplos del tema). Esto llega a hacernos rebasar los límites de nuestro respeto por ellos como colectivo profesional.
En concreto, hablando del artículo que trato, lo que terminó de exasperarme fue la suprema imbecilidad del corolario final: “los periodistas no comen, por sistema, científicos para desayunar”. Magnífica su capacidad de síntesis y percepción del problema real.
Expo Zaragoza I: Consejos rápidos
Según mi experiencia personal, lo mejor, para ahorrarse colas, es seguir los siguientes puntos, ordenados de más efectivo a menos efectivo:
1. Ir en lunes. Tal vez en viernes. Evitar si es posible el fin de semana. Evita ir en Septiembre, pues oí en el informativo autonómico que tienen vendidas muchas entradas que aún no han sido usadas, con lo que esperan que haya aforo máximo en ese mes y dejarán en la calle a mucha gente.
2. Si tienes algún amigo que trabaje allí, no dudes en hacer uso de la amistad y solicítale algún fast pass. Si sólo puedes pedirle uno, mejor que sea para la tarde, para que no se solape con el que luego vas a pedir dentro del recinto. Hay que estar 10–15 minutos antes de la hora marcada haciendo cola en el pabellón correspondiente.
3. Aunque abran a las 9:30, aconsejo llegar un poco antes (incluso a las 9). El motivo es que aunque en tengas que esperar aquí 20 minutos, te los ahorras después en la siguiente cola lógica, la de los fast pass.
4. Nada más entrar dirigirse al primer asistente (vestidos de azul celeste) y pedirle, educadamente, un programa del día y un mapa.
5. Dirigirse ipso facto a un punto de distribución de fast pass (pases rápidos). El más cercano a la Puerta del Ebro (entrada de Ranillas–Almozara), está a la derecha del Pabellón de España (con muchas columnas dentro de un estanque, a modo de sistema de refrigeración). Te darán una única entrada rápida para alguno de los pabellones más visitados o para aquellos que sólo se pueden visitar mediante este sistema (Acuario Fluvial y Pabellón de España). Ahora unas puntualizaciones sobre este misterioso sistema:
· No es tan rápido como su nombre indica. Supone hacer primero una cola en el punto de distribución de estos pases, y luego en el pabellón en cuestión, porque has de estar allí con un poco de antelación. Con suerte, se trata de hacer dos veces cola, si no son tres (imagínate que te encuentras en algún otro lugar y tienes que abandonar a mitad de fila, o cuando ya estás dentro).
· El primer turno que te va a tocar, por rápido que seas en ir al punto de distribución, seguramente sea a las 11–12:30.
· Es probable que a las 11 no queden ya más pases rápidos. Así que es casi seguro que no puedas sacar más de uno por día, a no ser que saques para el día siguiente (a partir de las 20:30).
· Por tanto, recomiendo sacar únicamente para los obligatorios, pues realmente no te ahorras ninguna cola mediante este sistema.
6. Ve a otro pabellón estrella a hacer cola inmediatamente (Aragón, Alemania, Japón, Kuwait, Latinoamérica…).
7. Relájate y disfruta del día. Ve acompañado y mentalizado de pasar rato haciendo colas. Cuando te aburras o canses de estar de pies, descansa a la sombra o en algún pabellón habilitado para ello (Turquía, República Checa…). Aunque esto no sea realmente un consejo para hacer menos colas, lo es para ser feliz y a mi me valdría.
Ale, muchachotes, otro día os cuento, en base a lo que he visto, lo que aconsejo ir a ver y lo que no.
Palacio de la Aljafería de Zaragoza: El Paraíso en la tierra
“El Paraíso en la tierra. Agua y jardines en el Palacio Taifa de la Aljafería” es el título completo de la última exposición que podemos encontrar en el Palacio, donde residen las actuales Cortes y Parlamento de Aragón. Precisamente, por celebrar estas su vigésimo quinto aniversario y coincidir con la Expo 2008, han recuperado bastantes piezas originarias del lugar. Piezas que fueron trasladadas en su día, en aras del mantenimiento del patrimonio cultural, al Museo Arqueológico Nacional ubicado en Madrid y al Museo de Zaragoza. Lamentablemente, nos los devuelven, en principio, sólo durante 4 años. No creo que actualmente tenga mucho sentido este carácter semipermanente, cuando ha quedado demostrado que la conservación llevada a cabo en la Aljafería es más que buena. Incluso celebridades extranjeras han quedado impresionadas por el grado de conservación.
Concretamente, han traído arcos, capiteles y frisos. Destacan dos arcos de más de una tonelada de peso (pocas veces se ha transportado ningún objeto tan monumental) y un rosetón mudéjar labrado en piedra. Podéis ver y descargar fotos del final de ésta página.
Seguramente os interese saber que se pueden tomar fotos, siempre que no uséis el flash. Las tarifas son sólo 3 €, siendo los Domingos gratuita, y estando en cualquier caso incluida la posibilidad de seguir la visita guiada (incluso en inglés, francés…).
En paralelo, se expone el fondo documental de la Aljafería, donde personalmente me llamaron la atención los mapas antiguos de Aragón. Se trata de la exposición “Joyas del patrimonio documental histórico de las Cortes de Aragón”.
Si queréis documentaros un poco antes de ir, o simplemente preferís ir por libre (sin guía), os recomiendo los siguientes enlaces (1, 2, ambos con fotos). Con esto, no creo que me deje un solo enlace interesante.
Como valoración personal, me gustó. Me gustó no sólo por la excepcionalidad de la exposición, sino por volver a visitar mi monumento zaragozano preferido después de tantos años. Si vais por libre, no olvidéis aprovechar para visitar el patio de Santa Isabel, la cámara o dormitorio Este, la planta baja del Torreón del Trovador y el Salón Sur o Capilla de San Jorge (donde han reubicado los arcos y rosetón recuperados –está a mano izquierda al entrar al patio–).
Sin embargo, cometí algunos errores, que detallo para que no os sucedan. No llevé cámara, cosa de la que me arrepentí. Tampoco me gustó mucho que, gracias a la Expo y el mero hecho de ser Domingo cuando fui, estuviera repleto de gente.
En definitiva, os aconsejo ir, aunque sea después de que termine la Expo, ya que casi todos los que vienen aprovechan para ir de paso. ¡Apuntáoslo en la agenda y no lo dejéis pasar!
Ejemplos a seguir
Empiezo con un chiste que viene muy al caso de todo lo que he contado los últimos días. El padre de un chaval que acaba de dejar los estudios, ve lo complicado que va a tener encontrar el primer empleo. Así que decide acudir a un amiguete empresario para ver si se lo “enchufa”:
– Oye, mira a ver si me puedes colocar al chaval en algún puesto que no sea muy difícil, que está empezando y no tiene apenas estudios.
– A ver, a ver… déjame pensar. Te lo puedo poner de miembro del consejo de dirección. Sólo tendría que ir a unas cuantas reuniones de vez en cuando, y ganaría más o menos unos 10.000 € al mes. ¿Qué te parece?
– No, hombre, no. Es que no me gustaría que se malacostumbrase desde el principio, sino que empezara desde abajo. Es su primer trabajo y…
– Bueno, mira, pues entonces te lo puedo poner de jefe de proyecto. Sólo tendría que dirigir a un grupo de trabajadores, decirles lo que tienen que ir haciendo y ganaría en torno a 3.000 € al mes. ¿Eso te vale?
– Qué va, qué va. Eso me sigue pareciendo demasiado. Yo lo que quiero es que al principio aprenda a esforzarse, y el verdadero significado del trabajo duro.
– Joder, ¿entonces qué tipo de trabajo quieres que haga?
– Pues hombre, uno de esos, normalito, de los que hacen los chavales de hoy en día: echando porrón de horas extra, trabajando como un animal fines de semana incluidos, cobrando unos 800 €, 900 como mucho…
– ¡Ah!, pero eso es muy complicado. En un puesto de esos no te lo puedo meter.
– ¿Y eso?
– Porque para esos puestos hace falta que tenga estudios superiores, experiencia, idiomas, algún master en el extranjero…
Pasando hoja, igual os habéis tomado la molestia de buscar y leer el informe PISA 2006 (¡espero que no! –algunos ejercicios tipo, por si os pica–) que tanto menciono últimamente (resumen). A mi me llamó la atención sobremanera Finlandia, país que se encuentra en los puestos 1 y 2 para todo (matemáticas, ciencias y comprensión lectora). Ahí es nada. No hace falta ser muy lumbreras para preguntarse si no podrían nuestros gobernantes instaurar un sistema de enseñanza semejante al suyo, en vez de ir dando tumbos de legislatura en legislatura (especialmente si hay cambio de gobierno).
Puede que existan diferencias fundamentales entre España y Finlandia, tan grandes que imposibiliten seguir su modelo a corto–medio plazo. No lo sé. En ese caso, limitémonos a imitar el modelo riojano. Nada tiene que ver con el vino. Simplemente son los más aventajados entre todas las comunidades autónomas en matemáticas y comprensión lectora. Es más, recuerdo que hace tiempo también leí que es la comunidad autónoma donde los jóvenes practican más deporte.
Todo muy sano y productivo. Da que pensar. A lo mejor nos civilizábamos un poco más y las cosas funcionaban mejor. Pero claro, la iniciativa ha de partir de unos individuos cuyo talento principal no son las matemáticas, sino el arrastrar hordas insensatas en pos de sí. Me refiero a los políticos, cuyo elevado conocimiento de inglés da tan buen ejemplo a los jóvenes. Sabemos que Mr. Ánsar (“Aznar” en “Bushiano”) no dio precisamente buen ejemplo con su supuesto acento tejano. Pero, ¿acaso habéis oído al Sr. Zapatero una sola palabra? Como en el chiste, cabría esperar que en un mundo globalizado y en el seno de la UE fuera el mínimo que se les exigiera, pero resulta que es todo lo contrario. Como mucho les exigen Catalán, muy útil para acuerdos con canadienses, irlandeses o marroquíes.
La nueva Selectividad
Pese a ser totalmente contraproducente un mercado laboral donde sobran profesionales altamente cualificados, las universidades y el Estado parecen empeñados en seguir produciéndolos a paladas. Prácticamente en cualquier sector sobran. Sobramos muchos.
La clara ausencia vocacional que se está dando últimamente podría beneficiar a los que realmente desean obtener una titulación. El problema es que ya no hay gente que esté dispuesta a invertir un esfuerzo que es poco probable que acabe reconociéndosele.
Para el Estado, sea quien sea quien gobierne, parece preferible rescatar a cuatro gañanes y un mediocre que impulsar la carrera de todo el resto de la clase. Hablo de políticas tales como permitir que alguien que no sabe matemáticas, por decir algo, pase de curso, de tal modo que al año siguiente no sólo será incapaz de ponerse al día, sino que retrasará a toda la clase. No sé a quién puede extrañar que obtengamos semejantes resultados en los informes PISA. Lo que sea con tal de que todos tengamos el título en “BlaBla”. Lo importante es la apariencia, no el fondo.
Por otra parte están las universidades. Se quejan continuamente del descenso de alumnos. ¿Dónde está el problema? ¿En que cuatro profesores se quedarán sin trabajo a cambio de que cientos de estudiantes encuentren uno acorde con su preparación? Porque también me resulta muy gratificante encontrar continuas muestras de que más vale cualquier contacto o influencia que un buen currículum. Esperemos 5 años a que se publique el novedoso informe PISA para universidades. Temblad, profesores y gobiernos; la universidad está llena de inútiles y mediocres hijos de papá que no saben hacer la o con un canuto.
Está claro que el problema entre ambos agentes, Estado y universidad, confluye en la prueba de acceso a la universidad.
Por un lado, todas las carreras han ido disminuyendo las notas de corte. Hemos llegado a una situación tal que sólo diez carreras exijan más de un aprobado para acceder (aunque yo interprete la noticia como tener más de un 5 de media). Las más exigentes son Enfermería, Fisioterapia, Odontología, Biotecnología, Veterinaria, Ingeniería Aeronáutica, Ingeniería Técnica Aeronáutica y Comunicación Audiovisual, pero especialmente Medicina y Arquitectura (más de un 8). Si observamos los resultados desde la otra orilla, lo que comprobamos es que el nivel de Matemáticas es muy bajo. No en vano es la asignatura más suspendida y… ¡el informe PISA lleva años advirtiéndolo!
Por otro lado, el gobierno “soluciona” el problema mediante medidas que relajarán la Selectividad. Según ellos será más flexible, pero a mí me da que especializar más la selectividad no hace sino ponerla más fácil a cualquiera que decida no dar palo al agua. También me parece que un examen tipo test lo que hace es facilitar las cosas. Y el examen oral de inglés (o la lengua extranjera estudiada en su defecto) no me hace sino pensar que va a estar regalado. No es por nada, pero el nivel de idiomas en España es paupérrimo. Tanto entre jóvenes como entre adultos.
En conclusión, que si un bachiller quiere estudiar Medicina (como quien quiere un helado de straciatella), no va a tener que hincar mucho los codos. Básicamente van a examinarle de Biología y Química. Se puede olvidar tranquilamente de quién fue Franco o Isabel la Católica, si es que alguna vez oyó hablar de ellos. A quién le importa algo que no aporta nada. Es más, si por un casual ni aun así es capaz de sacar una nota decente, no tendrá que preocuparse mucho. Ya bajarán la nota de corte. Y si en última instancia le cuesta sacarse la carrera más de lo normal, que no se preocupe tampoco, que al final lo único que cuenta es que papá cuente con buenos contactos para encontrar un empleo digno.
Incentivo escolar
Con todo lo anterior, no es de extrañar el escaso incentivo que existe en el mundo académico desde edades bien tempranas. Desde luego no creo que un chaval de 15 años decida vaguear, aunque sea a costa de no terminar la ESO, porque ya se haya dado cuenta que el esfuerzo seguramente no valga la pena. En mi caso, tantos años de estudio y preparación para terminar haciendo un trabajo equivalente al de un peón de una cadena de montaje. Tanto esfuerzo para tampoco cobrar como si estuviera en una fábrica, donde también he llegado a trabajar y ganaba más que ahora. Trabajo repetitivo y mecánico, sin necesidad de pensar lo más mínimo, con un sueldo muy bajo, a cambio de años que podría haberme dedicado a trabajar (o, tal vez, a vaguear). En vez de pagar por estudiar y hacer exámenes, podría haberme dedicado a ganar dinero.
Aunque la mayoría de los adolescentes seguramente no vea más allá de sus apetencias estomacales en un intervalo de 3 horas, el resultado no deja de ser igualmente válido. Al final, merece mucho más la pena ponerse a trabajar de lo que sea que invertir años y dinero en estudios que no conducen a ninguna parte.
Lo que puede que influya mucho más en estas generaciones sea la educación en casa, el hacer lo que les da la gana y no saber cuánto cuesta ganarse su manutención y los caprichos que exigen. Esto, junto con la total ausencia de reconocimiento de méritos, les lleva a la clara resolución de que es más cómodo y ventajoso no esforzarse en nada ni por nadie. El tiempo, se mire como se mire, termina dándoles la razón.
En este marco de desidia, donde está de moda reírse de quien destaca para bien en clase y estar a la sombra de quien destaca para mal, llegamos a obtener calificaciones “sorprendentes” como las reveladas en el último informe PISA (Programme for International Student Assessment –Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos–). No me trago patochadas del tipo “la culpa es de la Guerra Civil”, que aún andan con esas historias.
Doctorarse o no doctorarse, he ahí la cuestión
Los que me conozcan precisan escaso esfuerzo imaginativo para creerse que yo, en más de una ocasión y no hace mucho, me vi en semejante tesitura. Un día de estos hago una página que explique un poco mi historia para que cualquiera pueda entender ciertos comentarios.
El motivo por el que ahora me acuerdo de esto y por fin me decido a plasmarlo por escrito no es sino la sucesiva lectura de diversas noticias referentes al tema, todas basadas en datos del Instituto Nacional de Estadística.
Una , basada en datos del Instituto Nacional de Estadística, hacía referencia a la fuga de cerebros, que según ellos ha pasado a ser un mito. Me río. Me río mucho y a mala gana. Puede que con la única interpretación que esté de acuerdo sea con que en las carreras sobre ciencias de la vida es donde se produce mayor número de doctorados.
Lo bueno viene cuando analizamos frases como “sólo el 27% los doctores se fue a vivir fuera”. Por un lado, ¿es poco que un cuarto de la población se vaya a otro país para poder trabajar? Por otro lado, si investigamos un poco, nos cercioramos que la encuesta se la han realizado a los doctores que residen en España, es decir, a los que han regresado. Todos los que están en el extranjero no la han rellenado, con lo que el porcentaje es falso a todas luces.
También es muy buena la afirmación “casi la totalidad de los doctorados […] encontró trabajo”. Además del hecho de que ahí no tienen en cuenta si son condiciones precarias o están subempleados, es de cajón que cualquiera trabajará de lo que sea antes que morirse de hambre.
No sigo, que me alargo mucho. Tan sólo señalar que todas las conclusiones son básicamente erróneas.
La otra se centra más en el hecho de que los doctores rozan el pleno empleo. Más risas amargas. Como no se preguntó a los que estaban fuera, también se podría decir que los que se quedan en España, los cuales es probable que se queden porque son los peores, son los que han encontrado trabajo aquí. Eso, insisto, sin entrar siquiera en cuáles son sus condiciones de trabajo.
Tanto error no se explica más que con una intencionalidad demagógica, supongo que con la finalidad de influir decisivamente en jóvenes que aún no tengan muy claro qué van a hacer cuando acaben la carrera.
Como experiencia personal, yo también tuve mis dudas en su momento. Pero no me limité a oír versiones estatales ni de profesores que lo veían todo de color de rosa. También pregunté a becarios y, sobre todo, me fijé en el mercado laboral. Eso de que hay tantos que trabajan en el sector privado, es una trola.
En mi caso el dilema era más agudo, ya que como Bioquímico es claramente imposible trabajar como tal si no eres doctor (y mujer, aunque esa es otra historia). Lo cual resulta paradójico, porque luego no te contratan en trabajos más simples precisamente por estar sobrecualificado. Pero no hay que preocuparse, que siempre podemos irnos a servir al restaurante de la esquina, porque “España va bien”.
Por tanto, como conclusión totalmente personal, hice muy bien en salir de esa burbuja que es el mundo universitario y encarar el mundo real por mí mismo, para poder tomar, posteriormente, una decisión más acertada. Obviamente mi respuesta fue no, de lo que cada día me alegro más, dada la escasa vocación de mártir socioeconómico que tengo y la escasez, cada día mayor, de ofertas laborales (la crisis afecta en todos los niveles). Creo que no me equivoqué en mi decisión, al menos si quiero vivir con cierta tranquilidad y en el país que me plazca.
Contaminación vacuna
Esta es una de las muchas entradas cuyo bosquejo tengo por ahí guardado porque en su día decidí no publicar por considerarla de interés más que escaso. El problema, que no es mea culpa (cualquier crítica siempre es buena, al menos para mí), es que no discierno cuándo duermo a la gente y cuándo puede resultarle interesante lo que le cuento.
Ya hace un par de días Santiago me mostró su sorpresa ante cierta noticia un tanto estúpida que leyó u oyó por ahí, cosa que también se tomó la más que grata molestia de plasmar por escrito. Le contesté que ya sabía algo sobre el tema desde hacía un año, y decidí recuperar y desarrollar un poco el bosquejo que tenía preparado, al menos para resarcir su propia curiosidad. Sin más dilación, paso a mostrároslo.
El asunto comenzó con la publicación de una directiva de la UE que imponía un plazo de un año y medio para deshacerse de los termómetros de mercurio. Los motivos y ventajas son claros: existen termómetros electrónicos más precisos y no contaminantes. No en vano, precisamente las mujeres españolas muestran uno de los índices de contaminación por mercurio más altos del mundo, lo cual es consecuencia de nuestra dieta junto con la contaminación de pescados marinos.
Sin embargo, y siempre existe un “sin embargo” para todas estas directrices europeas, no se aplicará a los objetos ya comercializados (lo que es lógico), ni a aparatos de medición de más de 50 años ni a los barómetros (un pelín absurdo, ¿no?). ¿Razones para esta última excepción? Muy simple. Reino Unido, Países Bajos y Bélgica, “casualmente” los únicos productores europeos de barómetros de mercurio, votaron en contra.
Casi al mismo tiempo que me removía en mi asiento por la indignación que me producía la superposición, una vez más, de los intereses anglosajones a los comunitarios e incluso globales, apareció cierta noticia señuelo made in UK para intentar despistarnos. O así lo interpreté yo. Porque la alternativa es intentar hacer factible lo inviable.
Se trataban de una serie de especulaciones sobre cómo reducir el metano (CH4) que expelen las vacas, principalmente en forma de eructo, a consecuencia de su dieta forrajera. Las había aceptables, como aumentar la longevidad de las vacas, pero la gran mayoría eran rematadamente malas.
Como bioquímico no me pueden hacer tragar la idea de que “modificar genéticamente su aparato digestivo” sea factible antes de los 10–15 años que precisa el acelerado cambio climático. Por lo menos necesitarían 75 años… si es que ya hubiera alguien investigando en ello.
Como veterinario me asusta la aberración de cambiar la dieta de las vacas. Cambiarla otra vez, por supuesto. Actualmente les damos piensos con mucha proteína, ya que con sólo hierba no podrían mantener la cuota lechera a que las sometemos. Incluso los hay que pretenden que les demos píldoras especiales. Todo esto es tecnológicamente perverso. Estamos consiguiendo convertir una especie cuyo principal potencial era la capacidad de comer cosas que nosotros no podemos comer, en una competidora directa con nuestro propio sustento. Muy bien. Parece que no nos damos cuenta de la pérdida de recursos, e incluso peligro directo, que esto supone.
Todo esto sin siquiera tener en cuenta el coste económico que supone cualquiera de estas alternativas al simple y mero hecho de reducir las emisiones humanas de CO2/CH4. Aunque mejor pensado me callo, que igual vienen ahora los inglesitos y, cogiendo la idea por los pelos van y dictan una ley comunitaria prohibiendo (a los españoles) comer fabada. Porque, para ser justos, seguramente contaminemos más 6.000 millones de humanos con nuestros propios pedos que las vacas mediante un mecanismo fisiológico inevitable y normal.
En aquel entonces pensé que se trataba de una tontería para rellenar hojas, pero ahora vuelven a la carga con el tema los argentinos. Dicen que dándoles taninos disminuye en un 25% las emisiones de CH4. De acuerdo. Que me digan ahora en qué porcentaje disminuye la producción láctea o cárnica y extraeré alguna conclusión válida (matemáticas puras y duras).
Estoy de acuerdo con que el CH4 produce mucho mayor efecto invernadero que el CO2. En lo que no estoy de acuerdo, me lo pinten como me lo pinten, es en intentar equiparar el efecto invernadero debido a todo el CO2 antropogénico al CH4 de origen rumiante (eructos de ovejas y vacas).
Por favor, basta de marear la perdiz y que los gobiernos se centren en lo verdaderamente importante: el binomio centrales termoeléctricas–transporte y, por otro lado, la emisión de otros peligrosos contaminantes (desde mercurio hasta plutonio).
Esos periodistas
Tras dos entradas más bien largas (aunque espero que amenas), comento un par de noticias chocantes. Estaría bien que las leyerais antes de leer mi propia opinión, para que así compartierais posteriormente la vuestra conmigo sin ningún tipo de influencia.
La primera es relativa a un catalizador que de entrada nos presentan como la posible solución definitiva para la transición al coche de hidrógeno. Tras continuar leyendo, descubro con sorpresa que de lo que se trata es de generar hidrógeno a partir de etanol. A bolos me quedo. ¿Aún son capaces de añadir un paso más a la ineficiente e insostenible producción de bioetanol? (en su día ya me pronuncié al respecto). Por si fuera poco, esto no reduce la emisión de CO2 por ninguna parte, ya que el propio catalizador lo libera y el hidrocarburo de desecho seguro que en algún lugar será quemado. Seguro.
La segunda anuncia el diseño y puesta en mercado de un pesquero español inteligente y ecológico. En este caso el sentimiento que me aborda tras leer la noticia es el horror, pues nada tiene que ver con respetar la talla mínima de los peces como yo esperaba. Se trata nada más y nada menos que de esquilmar con mayor eficacia los ya de por sí sobreexplotados mares y bancos de peces al borde del colapso. ¿Dónde está el “ecologismo”? Ni siquiera me interesa debatir si un cacharro equipado hasta los dientes con tecnología punta se pueda denominar apropiadamente como “inteligente”. Lo que de verdad me preocupa es el concepto que tiene el periodista de turno sobre lo que es el “ecologismo” y el daño que puede hacer en la sociedad.
La tercera y última hacen referencia a la captación de CO2 para generar metano (una es de Craig Venter y la otra dice que ya lo han conseguido otros). En ambos casos metano que esperan utilizar como biocombustible, con lo que se vuelve a liberar CO2 a la atmósfera (o metano). Al mismo tiempo aseguran que así se disminuye el efecto invernadero. Uno menos uno es igual a cero y las matemáticas no mienten, ergo ellos sí mienten (el metano sería peor). En cualquier caso, tanta demagogia en torno a la palabra “biocombustible” terminará por conseguir que me cierre en banda ante cualquier idea relacionada con ella.