El arte de conducir

4 Julio 2008 at 14:12 (Aventuras y Desventuras) (, )

Al igual que cada región posee un acento característico e incluso cierto léxico peculiar (lo que no significa inapropiado, atención), también podemos deducir de dónde es un conductor por su actitud ante el volante.

Así pues, aquí en Teruel se caracterizan por ser extremadamente cautos, lo cual no está mal, nada mal. No obstante, a veces se pasan, como cuando se dedican a ir a 30 por hora en calles de 50. Si no tienes prisa, pues tanto te da. Y aunque la tengas, también, porque ellos no van a ir más rápido y porque, pese a que llegues tarde, existen grandes probabilidades de que tengas que esperar. Porque os recuerdo que Teruel es un pueblo grande, donde se vive a ritmo de pueblo.

Lo mejor que tienen es que son mucho más civilizados que en las grandes ciudades. No hay casi semáforos porque no son necesarios; los conductores respetan a los viandantes y siempre les permiten pasar en los pasos de cebra. Por mucho tráfico que haya, da gozo ser peatón aquí. Son tan civilizados que incluso en las rotondas, como conductor, te ceden el paso para entrar si ven que te van a obstaculizar el paso. Hacen esto siempre que quieres irte en otro sentido (usar los intermitentes ayuda mucho), e incluso aunque quieras incorporarte al suyo (basta poner cara de llevar horas parado).

Lo peor es que tienen la odiosa costumbre de pararse en cualquier lugar, con el fin de bajarse del coche a comprar el pan, recoger a alguien que tarda minutos en llegar, o lo que sea. Lo que sea con tal de no andar 3 minutos. El objetivo es claro y firme: el coche se usa para todo y hay que dejarlo en la mismísima puerta de donde te dirijas. No importa el tráfico y atasco que generes, ni que la estrechísima calles sea de un solo sentido, ni la pronunciada cuesta arriba en que te hallas, ni las señales de tráfico de prohibido parar. Si a esto se suma el hecho de que el frenazo que pegan es sin previo aviso y sin mirar por el retrovisor, existe la nada desdeñable oportunidad de que te los comas en un despiste que tengas.

El motivo por el que cuento precisamente hoy todo esto es que me ha parecido gracioso que nunca hubiera oído a nadie quejarse. Hasta hoy, quien para colmo ha sido un jubilado cascarrabias de estos que van por la calle sin nada mejor que hacer que reñir con todo el que pueden.

El hombre estaba observando lo mal que aparcan aquí, punto en el que no estaba exento de razón, ya que inexcusablemente emplean el espacio de un coche y medio y a veces el de dos. Entonces, pese a que él iba andando, se pone a gritar: “¡A estos tendrían que denunciarlos y encerrarlos!”, para luego añadir: “Si no saben conducir, ¡que no aprendan!”.

Anda que no me he reído para mis adentros, porque la frase tiene su miga. Ya sé que lo que tan entrañable abuelete pretendía decir era “si no saben conducir, que aprendan”, pero no he podido dejar de imaginarme a mí mismo dentro de 60 años soltando improperios, tan fantásticos como ése, por y para el mundo entero.

 

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