Reducir o morir
Al mismo tiempo que escribí lo de ayer, no pude evitar pensar en nuestro granito de arena. España consume nada más y nada menos que el 2% del crudo mundial. A su vez esto provoca que generemos 2,63 veces más CO2 que la media mundial (datos del Observatorio del Petróleo de WWF/Adena).
Bien pensado, más que un granito, nuestra aportación corresponde a la de una palada de arena entera. Tras la cual seguramente alternamos con una de cal viva, para lapidarnos bien calentitos.
¿Qué podemos hacer nosotros, pobrecitos españoles de a pie, para no generar una situación tan insostenible?
El principal culpable es el transporte. Con respecto al transporte de mercancías poco podemos hacer. Algo bastante lógico sería comprar en el súper las cosas que se hayan producido más cerca de nuestra casa. Desde un cinturón hasta ternasco. Ya sé que los “chinos” tiran mucho, pero su calidad es pésima. Ya sé que el ternasco de Nueva Zelanda es igualmente barato, pero también su calidad es ínfima. En cualquier caso, ojalá el petróleo valiera lo que tiene que valer para que incluso el más egoísta haga las cosas como se tienen que hacer.
Otro cantar es el transporte personal. El orden lógico es (y no digo sería), primero es ir andando o en bici a todos lados, luego usar el transporte público, y finalmente, si ninguno de los anteriores alcanza nuestro destino, ir en coche compartido. Con la energía que consumimos yendo solos en el coche podríamos realizar el mismo trayecto, a pie o en bici, 300 veces (no me acuerdo de dónde lo saqué, pero es real). Digamos que en un día gastamos lo de todo un año.
Por supuesto, también podemos hacer otras muchas cosas para no despilfarrar energía, como no dejar enchufado permanentemente el cargador del móvil (ni ningún otro tipo de transformador), usar jersey en otoño, invierno y primavera para ir por casa, etc.. Cosas que habréis oído hasta la saciedad pero que a la mayoría se le olvida o sigue sin tomarse en serio (que para el caso, la diferencia en los resultados es nula).