Moverse en bicicleta en Zaragoza… y en cualquier otra ciudad

14 Julio 2008 at 10:58 (Aventuras y Desventuras, Medio ambiente / Ecología / Ecologismo) ()

Si mis conocidos han terminado dándome la razón es simplemente porque, lo mires como lo mires, ir en bici es una auténtica gozada. Haces ejercicio sano; de hecho uno de los más sanos que existen (sé muy bien de lo que hablo). Ganas tiempo. Te da igual si es hora punta, hay atasco o el bus se adelanta 3 minutos; no dependes más que de tus piernas y corazón. No hay problemas a la hora de aparcar. No gastas dinero en gasolina ni en seguro. Aprendes mecánica básica. Etcétera.

Los típicos detractores dicen que es peligrosa. A ellos les digo que vayan por calles con poco tránsito, carriles–bici o aceras anchas, aunque tengan que dar rodeos y la velocidad que lleven deba ser baja. Y llevad casco y chaleco reflectante siempre.

A continuación dicen que es muy incómodo por el viento, el frío o la lluvia. Para el viento existe el maravilloso cambio de marchas o, precisamente, aprovecharlo cuando sopla a tu favor (como poco en el trayecto de ida o el de vuelta). Para el frío, unos guantes cortavientos te arreglan la vida en el invierno más frío. Para la lluvia, un par guardabarros, un chubasquero y un cubrepantalones impermeable te salvan del catarro. Los pies se te mojarán, pero siempre puedes llevar un recambio (o dejártelo en el trabajo de forma permanente). Además, Zaragoza no es que precisamente se caracterice por su elevada pluviometría.

Entonces pasan a confesar que lo que pasa es que son muy vagos. Bueno, los portaequipajes (en conjunción con los pulpos) son un invento co-jo-nu-do. Con la rejilla puedes llevar muchos kilos sin cansarte, y en cualquier caso siempre mejor que a la espalda o colgando de las manos. Descontando la sudada que te ahorras. Y luego te excusas ir al gimnasio a la fuerza, donde, de forma completamente incongruente, encima irías a hacer el spinning ese tan de moda.

La última baza que suelen jugar es que roban las bicis. Lo cierto es que, en general, sólo se las roban a los incautos que no se gastan dinero en, mínimo, un par de candados decentes. Valen bastante dinero, pero la inversión (de por vida si se es cauto) merece la pena. En cualquier caso, incluso aun robándote una bici cada 3 meses, las cuentas están más que claras. El coche gasta mucho más de 180 € cada tres meses (no olvidemos seguro, ITV ni visitas al mecánico). El autobús supone, para los más gratificados, 75–105 € a los tres meses.

En conclusión, además de lo que dejas de gastar, hay que tener en cuenta hechos cuyo valor está muy por encima del monetario. Dicho llanamente, lo que ganas en salud (física y mental) no tiene precio.

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