Resultado de las Fiestas del Torico

16 Julio 2008 at 10:56 (Aventuras y Desventuras) ()

Ésta, la primera entrada que realmente escribo tras las Fiestas del Torico, la dedico a aquellos que finalmente asistieron, especialmente a aquellos amigos míos que al final fueron (aunque es improbable que ninguno me lea). Por supuesto, si lo pongo por escrito es porque considero que pueda ser de interés a los que me lean, más que nada como una especie de crónica para que sepan qué tipo de cosas se pueden encontrar aquí.

Los veteranos (Eva y yo) ya sabíamos a lo que íbamos, así que no dudamos en bautizar con calimocho a los numerosos novatos y novatas que se asomaron a la locura que es la Puesta del Pañuelo (Rubén, Pollo, Asun, Ana, Pili, Luis, etc.). A continuación, con muchos rodeos y chirigota, fuimos a recoger a unos cuantos rezagados que llegaban en tren (Alicia y cía.) y bus (Fran). No olvido el aseo, casi obligatorio, que conseguíamos por el camino gracias a duchas de agua que nos arrojaban desde los balcones a la voz de “agua agua”

Tras esto, como siempre sucede en esta fiesta, acabas encontrándote con la gente menos pensada o grupos que ya sabías que estaban por ahí (Isabel, Rany, etc.), por algún lado. Sin embargo, este año incluso gente que me reconocía sin haberme siquiera hablado me saludaba, como era de esperar.

Aparte de saludar a gente, charlar con ella y emporcarla a traición (lo que básicamente consiste en arrojarle, cómo no, calimocho), la noche discurrió como lo hace habitualmente, es decir, yendo de peña en peña. Una de las mejores cosas de estas fiestas es que la entrada a las peñas es gratuita, con lo que si tu cuerpo serrano se cansa de oír a Bisbal o música techno, siempre puedes elegir otra cualquiera. Más de una incluso ofrece verbena con orquesta en directo, y todas, que yo sepa, tienen su propio pasacalles para los más barulleros y tradicionales.

Este año, concretamente, debido al cansancio consecuente de los intempestivos madrugones a los que me veo sometido en mi jornada laboral, junto con el frío que arreció durante la noche, el sueño terminó imponiéndose y tuve que marchar al pueblo a dormir. Lo único bueno de irme tan relativamente pronto (sobre las 4:00 a..m.) fue que aún no había control policial de alcoholemia. No es que hubiera dado positivo, sino que el hacer cola me habría matado de aburrimiento.

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