Esos periodistas
Tras dos entradas más bien largas (aunque espero que amenas), comento un par de noticias chocantes. Estaría bien que las leyerais antes de leer mi propia opinión, para que así compartierais posteriormente la vuestra conmigo sin ningún tipo de influencia.
La primera es relativa a un catalizador que de entrada nos presentan como la posible solución definitiva para la transición al coche de hidrógeno. Tras continuar leyendo, descubro con sorpresa que de lo que se trata es de generar hidrógeno a partir de etanol. A bolos me quedo. ¿Aún son capaces de añadir un paso más a la ineficiente e insostenible producción de bioetanol? (en su día ya me pronuncié al respecto). Por si fuera poco, esto no reduce la emisión de CO2 por ninguna parte, ya que el propio catalizador lo libera y el hidrocarburo de desecho seguro que en algún lugar será quemado. Seguro.
La segunda anuncia el diseño y puesta en mercado de un pesquero español inteligente y ecológico. En este caso el sentimiento que me aborda tras leer la noticia es el horror, pues nada tiene que ver con respetar la talla mínima de los peces como yo esperaba. Se trata nada más y nada menos que de esquilmar con mayor eficacia los ya de por sí sobreexplotados mares y bancos de peces al borde del colapso. ¿Dónde está el “ecologismo”? Ni siquiera me interesa debatir si un cacharro equipado hasta los dientes con tecnología punta se pueda denominar apropiadamente como “inteligente”. Lo que de verdad me preocupa es el concepto que tiene el periodista de turno sobre lo que es el “ecologismo” y el daño que puede hacer en la sociedad.
La tercera y última hacen referencia a la captación de CO2 para generar metano (una es de Craig Venter y la otra dice que ya lo han conseguido otros). En ambos casos metano que esperan utilizar como biocombustible, con lo que se vuelve a liberar CO2 a la atmósfera (o metano). Al mismo tiempo aseguran que así se disminuye el efecto invernadero. Uno menos uno es igual a cero y las matemáticas no mienten, ergo ellos sí mienten (el metano sería peor). En cualquier caso, tanta demagogia en torno a la palabra “biocombustible” terminará por conseguir que me cierre en banda ante cualquier idea relacionada con ella.