Más sobre el deshielo
Cuando visité el pabellón de España de la Expo, descubrí la existencia de una aplicación generada por Google con la que se podían buscar glaciares de todo el mundo y comparar sus extensión en diferentes años. Las fotografías comparativas de algunos de ellos resultaban estremecedoras.
Entonces ya pensé que seguramente podría acceder a esta misma aplicación a través del pc de mi casa. Por fin lo he recordado y he encontrado un rato para averiguar si así es. Se llama Google Earth Outreach. Recomiendo que le echéis un vistazo.
Otra aplicación, que también corre bajo Google Earth, nos permite comprobar el derretimiento del hielo Ártico año tras año, que en al llegar al 2007 resulta brutal. Descargáis esto y dais al botón “play” a la derecha de la barra de control del tiempo.
Aprovecho la ocasión para enlazar con una noticia que leí también hace tiempo. Se trata de la localización de nuevas fracturas de la barrera de hielo Ward Hunt, la mayor placa de hielo que queda en el Ártico. Es la mayor ruptura desde el 2005, a lo que hay que sumar el hecho de que la capa de hielo es cada vez más delgada (ha pasado de 70 a menos de 35 m en 40 años), dato que ya discutí en su día.
La referencia a esta última entrada que escribí y algo que leí también a finales del mes pasado, me sirve para dar pie otro dato nuevo sobre la captura de CO2, la cual se supone que es la única forma rentable de reducirlo de forma significativa.
Por no repetirme, añado que la Comisión de la UE ha comenzado a financiar el proyecto CO2SINK, el cual pretende almacenar este gas bajo tierra, en sumideros geológicos de carbono.
Expo Zaragoza II: Algunos consejos más
Voy a empezar aclarando un punto que me ha traído de cabeza últimamente. Se trata de la fecha tope para visitar la Expo. Los que hayamos comprado pases de 3 días antes de la apertura de la Expo, es decir, antes del 30 de Mayo y fuera del propio recinto, podemos visitarla en principio hasta el día 14. Por si tenéis alguna duda, lo pone escrito en el pase (junto a un flagrante “sujeto a posibles modificaciones” o algo semejante, que es lo que más me ha traído de cabeza).
Os aconsejo llevar comida de casa. Allí es bastante cara y, de todas maneras, se pueden encontrar bastantes sitios bien acondicionados para comer al aire libre.
Otra buena opción, dado que con 2 días intensivos seguramente hayáis visitado todo lo interesante, es irse a comer fuera o a casa (los que seáis de Zaragoza, claro está). Al salir solicitáis a alguno de los ayudantes que veáis (de azul celeste) una pulsera. De este modo podréis volver a entrar por la tarde.
De todas maneras, si preferís pasar sólo 2 días, el tercero se lo regaláis a alguien.
Una idea pésima es intentar hacer cola en varios sitios a la vez. Me explico mejor. Hay grupos de gente que deciden dividirse para hacer cola en varios puntos al mismo tiempo y así ganar tiempo. Error. Gracias a ellos, colas que en principio eran de media hora o más, realmente eran de 10 minutos, porque como les faltaba medio grupo, tenían que esperarles incluso aunque fuera su turno de entrar. Así que nos colábamos a ellos, quienes perdían sucesivamente el turno. Además, se ponían nerviosos (añadido a la espera de 30 minutos), tenían que dedicarse a llamarse por móvil, montaban el numerito, etc..
Cambiando de tema, creo que ya puse enlaces para descargarse mapas. En cualquier caso, no esperéis encontrar ningún mapa realmente bueno. Si no tenéis ninguno, cuando lleguéis allí, solicitáis (amablemente, por favor) uno a los ayudantes de azul.
Veréis dónde se obtienen los fast–pass y como están distribuidos los pabellones, que básicamente es: comunidades autónomas, países pobres que no han podido sufragarse las instalaciones (por eso México no está incluido en Latinoamérica), y el resto.
Para terminar, avanzo cuáles son los pabellones que más me han gustado y cuáles son los que más gustan a la gente. Lo avanzo porque la entrada final la voy a hacer a pocos días del cierre de la Expo, cuando pueda hacer una valoración completa y personal, aunque para entonces ya será de escaso interés general.
Dicho lo dicho, los mejores pabellones probablemente son los de:
· Acuario fluvial: Obligatorio entrar con fast–pass.
· España: También requiere fast–pass.
· Aragón: Con un musical sublime de Carlos Saura. Me encantó tanto que lo repetiré si me queda tiempo.
· Agua extrema: Con una película en la que os echarán agua por encima (os dan el impermeable).
· No visitados, pero recomendados por otra gente:
– Alemania.
– Japón.
– Kuwait.
– México.
Por el contrario, los peores pabellones:
· Torre del Agua: Ni se os ocurra subir. Media hora subiendo y otra bajando para no ver más que una panorámica bastante fea.
· Pabellón Puente: Entrad sólo si os coge de paso para marcharos o entrar.
Otro día, más.
Eficientemente ineficaces (continuación)
Algo curioso que me pasa cuando me cabreo de forma progresiva, es que comienzo a expresar mis pensamientos en voz alta, cada vez con mayor desvergüenza y mayor soltura. Que conste que mi jefe también se desahogaba.
Así que en éstas estábamos, vacunando el segundo hatajo, cuando apareció un matrimonio con hijos pequeños. Les dije la amable frase “¿venís a ver ovejitas?”, sorprendido gratamente por haber venido hasta tan lejos con sólo el propósito de que sus hijos sepan que la lana no sale del petróleo. Realmente, eso es lo que creí haberles dicho. La madre, visiblemente alterada por mi frase, dijo que si molestaban se iban inmediatamente. No sé por qué ni cómo lo dije, pero pretendí ser amable. Lo juro. De hecho, pese a que traté de arreglarlo, a los 5 minutos se largaron.
En cualquier caso, con visita inédita y todo, acabamos el segundo hatajo y adivinad qué más tuvimos que hacer. Esperar. Esperar y esperar. Apareció al cabo de cinco minutos (qué casualidad, otra vez tan a punto), y le pidió el móviles a mi jefe para continuar con las llamadas perdidas. El teléfono del pastor se había “estropeado” (le había gastado el saldo en un buzón de voz que no sabe/quiere usar). Se dio por vencido en otra media hora. Esta ausencia fue aprovechada por mi jefe y yo para hacer puntería con pedruscos contra todo lo que había digno de ser apuntado por los rededores. Vamos, a tirar pedradas contra sus instalaciones. Si hubiera habido ventanas con cristal no aseguro que hubieran quedado sanas.
Cuando se dignó en volver a aparecer, nos dio claras instrucciones para ir a esperarle al bar del pueblo para almorzar–comer mientras él recogía a Cuqui. La tal Cuqui no era su novia. En realidad no sé lo que es ni me importa, porque, desesperados, nos pusimos tierra por medio antes de que cambiara de opinión. De lo que sí me arrepiento es de habernos largado tan raudos, ya que aún tardo otra media hora más en llegar al pueblo. Tal vez, con nosotros buscando a Cuqui, habría tardado un poco menos.
Para colmo, justo en ese momento, y no una hora antes, encontró el móvil. Estaba donde le dijimos que buscara y rebuscara, el sitio más probable, esto es, el coche. Menuda rabia.
Ahora bien, ¿seguro que lo había perdido? Mi lógica holmesiana me dice que ni de coña. O bien está sordo y lee los labios muy bien. Porque si se dedica a ir con el coche para arriba y para abajo todo el santo día, haciéndose llamadas perdidas a sí mismo, ¿tan mendrugo puede ser de no darse cuenta que lo tiene bajo el culo? Aunque se me ocurre otra posibilidad más, y es que el móvil estuviera en modo silencioso, en cuyo caso, ¿para qué llamarse tanto a sí mismo si sabes que no lo vas a oír?
En mi opinión, está claro que lo que quería era escaquearse y no se le ocurrió nada mejor. Estuvo todo el tiempo oteándonos con unos prismáticos desde algún escondrijo.
En resumidas cuentas, que el tío quedó bien de mañana con nosotros y apareció una hora tarde. Luego, con la excusa de buscar toda la mañana su móvil, no dio palo al agua. Gasta el saldo a su propio pastor y luego tira del móvil de mi jefe. En compensación nos hace esperarle otra hora más (3 horas acumuladas), para luego invitarnos a “almorzar” (a la una) dos costillas por cabeza. De regalo, llego tarde a casa a una comida familiar y me llevo 300 gramos en pulgas y habones.
Por cierto, a los 2 días hicimos exactamente lo mismo a unas pocas más ovejas. Tardamos la cuarta parte. Cronometrado.
Eficientemente ineficaces
La ineficacia es una propiedad intrínseca del ganadero ovino. No comprendo cómo han podido sobrevivir hasta hoy día, pero es un hecho innegable. Son auténticos especialistas de la ineficacia, pero ahí están.
De entre los cientos de ejemplos que podría poner, voy a centrarme en cómo perder el tiempo miserablemente. Ninguno comprende aquello de que “el tiempo es oro”. Se deben creer que es el título de aquel concurso televisivo que echaban cuando yo era niño. El ejemplo que voy a narrar procede de la semana pasada.
Aquel día amenazaba con ser muy prolongado. Sólo teniendo en cuenta desplazamientos por carreteras comarcales, íbamos a invertir algo más de 2 horas. Por descontado, ahí no está incluida la hora que necesito además para ir y volver desde mi propia casa.
Cuando llegamos al pueblo perdido, los ojos me bizcaban tanto que casi no atiné a salir del coche. No obstante, resultó que las ovejas aún estaban a una hora de distancia. Esperamos, qué remedio. Creo que el hervor de mi sangre fue lo que evitó que volviera a abrazar a Morfeo.
Cuando por fin llegaron las ovejas, el ganadero desapareció. Visto y no visto, abracadabra, lo ves y no lo ves. Ni David Copperfield con la Estatua de la Libertad. Menuda arte. Como no queríamos pasarnos toda la semana aislados en un punto cercano a la confluencia de Teruel–Valencia–Cuenca, decidimos comenzar a trabajar por nuestra cuenta.
En estos casos de no dar palo al agua, harto frecuentes, no puedo dejar de pensar siempre que las ovejas no son mías. Es genial que sea yo el que se deba preocupar de vacunar o desparasitar a todas. Tareas que conllevan otras muchas, siendo la más importante dejar las ovejas bien prietas para no correr tras ellas. Aunque a ellos bien poco les importa que debamos correr con botas de goma tras una cordera joven y vigorosa.
Es en estos casos cuando decido que den por saco a la profesionalidad, al ganadero y a sus ovejas. Si ellos no se arriman por algo que les repercute directamente en su beneficio, yo menos. Mi sueldo es fijo. Fijo y mísero. No, no me pagan por ganar una lumbalgia crónica a los 26 años. Y es entonces cuando comienzo a saltarme ovejas, a no agacharme, a pincharles por vía intramuscular en vez de subcutánea… Todo con el único fin de vacunarles de forma efectiva, aunque les duela, pero de un modo absolutamente seguro e inocuo para mi persona.
A lo que iba, que el pájaro había volado. “El pájaro”, válgame mi santa paciencia, es su mote real. Aunque desconozco los motivos, sospecho que es por ser trashumante.
Como decía, el pájaro había volado y no regresó al nido hasta que, casualmente, acabamos. Además, precisamente vino para darnos nuevas órdenes. Había otro hatajo de ovejas en el quinto pino, a otra hora de distancia.
Creo que justo antes de que mi jefe le hiciera tragar el resto de la vacuna, esgrimió una endeble excusa sobre la pérdida de su móvil. Necesitaba encontrarlo enseguida, antes de que la batería se le acabara. Dicho lo cual, agarró el coche y se fue a recorrer todos los caminos que había hecho ese día.
Durante esta segunda espera, a falta de otra salida mejor, me puse filosófico. Ahí es cuando, ante tan bonitos paisajes y aire tan puro, me pregunté por el sentido la vida en general y de mi vida en concreto. Lo que, quitándole la lírica bucólica, viene a significar que estaba rodeado de ciemo y el constante humo de los que fuman a mi alrededor. O, hablando en plata, que estaba rodeado de mierda en polvo (tan fino que lo respiraba con cada bolada de aire) y de fumadores compulsivos (pon a un fumador a no hacer nada durante una hora, y verás lo que hace). En esta situación, al tiempo que logré cazar hasta 5 pulgas (otra sangría para olvidar), me pregunté que qué carajos hago yo aquí. Que si me iba a pasar el resto de mi vida así. Gracias a Dios (o a Lucifer, según se interprete), mis reflexiones trascendentales quedaron interrumpidas ahí ante la incipiente llegada de nuevo material de trabajo.
Mentiras del Santander
El Banco Santander Central Hispano es ese maravilloso banco que ostenta la nada desdeñable marca de encontrarse en el puesto número 48 del ranking BrandZ, lo que supone ser la cuadragésimo octava marca más poderosa del mundo. Es ese maravilloso banco que más beneficios ha obtenido este año. Es ese maravilloso banco donde lo que prima es sacar tajada, cueste lo que cueste, engañen a quien engañen. Siguiendo esta política es como han logrado situarse tan alto. Cada vez que veo su anuncio (el que dicen algo así como “lo importante son las personas” y “queremos ser tu banco”), me río. Por no llorar.
Si me da por denunciar su falta de honestidad precisamente ahora es porque se han aunado diversos factores. Primero, por fin he podido cancelar la cuenta que abrí hace 1 año y 2 meses como respuesta a su depósito a 1 mes al 11% en Openbank. Me lo renovaron automáticamente por uno anual con un triste y mísero 4,5% (por bloquearte un año entero los ahorros, no es mucho lo que recibes). Del cual, si hubiera pretendido cancelarlo por anticipado, no me hubieran dado un céntimo de los intereses. De ahí una relación tan longeva y amarga.
Lo segundo es que justo este mes he estado oyendo a unos cuantos empleados (tres), lo hartos que están de seguir una política tan rastrera (me cuenten lo que me cuenten, me creo más lo que oigo en persona). La cantidad de marrones que se tienen que comer en base a arañar hasta el último céntimo a pobres desgraciados que no han cometido otro mal que confiar en sus palabras. ¿Casualidades de la vida?
De todas maneras esto me pasa por tonto. Hace 5 años y medio también me timaron. Por abrir una cuenta me prometieron un regalo de 2 noches de hotel pagadas. Todavía estoy esperándolas. Tras medio año reclamándoles, decidí mandarles al cuerno y cancelar la cuenta. Interminable me resultó el cuarto de hora que me estuvo dando la brasa la muchacha de turno para que no la cerrara. Pero aún más interminable, pues creía que había acabado con ellos para siempre, me resultó estar reclamándoles durante otros 3 largos meses los dos euros y pico que se me quedaron de los intereses del último mes. Intereses que no me habían ingresado cuando cancelé la cuenta y pretendían quitármelos por la cara, porque soy tonto.
Precisamente porque se creyeron que me podían mangonear frescamente, insistí tanto. Precisamente porque se han vuelto a creer que me pueden mangonear, el asunto vuelve a atañer a mi dignidad personal (“personal” como individuo y como ser racional). Desde aquí digo, bien alto y claro, para que todo el mundo se entere, que los del Santander eran, son y siempre serán unos peseteros (de una dinámica así, con semejantes jefes, jamás se sale). Por concretar más, el depósito de Openbank al 11% tiene trampa.
Juegos Olímpicos de Pekín 2008: Lo mejorcito
Para empezar, hoy os voy a poner unos cuantos enlaces a los que creo que son los mejores vídeos de estas olimpiadas:
– Los récords más espectaculares (repetidos bastantes de los que ya he citado).
– Final 110 m vallas (el hecho de que el ganador ni siquiera vea bien –usa gafas–, le concede aún más mérito).
– Los mejores españoles en mi opinión: Nadal (Wimbledon, Roland Garros y Olimpiadas en un solo año), Joan Llaneras (primer español en conseguir 3 metales olímpicos, siendo 2 oro) y Almudena Cid (primera gimnasta del mundo en participar en 4 finales).
– Triatlón (1 y 2). No es que haya sido de lo mejor, pero como aficionado me encanta y un cuarto puesto olímpico no está nada mal. Para eso este es mi blog.
– Ceremonias de apertura y de clausura.
Para terminar, cito un par de frases que me han encantado:
– “Estaba pensando, ¡vaya!, esto es lo que siempre he soñado. Iba por delante, sintiéndome bien y otros corrían con esfuerzo detrás de mí. Entonces, llegó el kilómetro siete y ya no tuve nada que hacer”. Alistair Brownlee, triatleta británico.
– “Tenemos que trabajar en los detalles; por ejemplo, no tener miedo a ganar”. Juan Oliver, técnico de la selección brasileña de balonmano (tras perder contra Suecia).
– “Se puede derrotar a cualquiera, pero la única forma de batir a Bradley es cortándole la cabeza”. Hayden Roulston, ciclista neozelandés (sobre derrotar al británico Bradley Wiggins en persecución individual).
A buen entendedor… Capítulo 1
Tras una temporada de sequía humorística, regreso al más puro estilo sarcástico que me caracteriza. Aventuro que esta sección, además de los capítulos que ya tengo preparados, va a tener un final abierto. Como en seguida comprenderéis, es de lógica. Además, incluiré diálogos que podrían haber sido aunque no fueron, diálogos basados en hecho reales. Sin mayor dilación, comienzo.
Una de las características más notables de mi trabajo como veterinario de campo es que necesito saber idiomas. No me refiero a inglés, absolutamente inútil en este contexto. Ni siquiera a árabe o rumano, necesarios en más de una ocasión para entenderse con peones y pastores extranjeros. Por supuesto, me refiero a las infinitas variaciones y connotaciones que pueden darse dentro de un mismo idioma, sin que por ello dejen de ser totalmente válidas.
Bueno, sin ser tan diplomático, en bastantes ocasiones son expresiones del todo incorrectas. Incorrecciones que pueden llevar a equívocos divertidos, aunque potencialmente peligrosos. Mi mente debe permanecer siempre en constante alerta. Suficientemente despejada para que no me haga quiebros imposibles y se me parta el cerebro. Sería horrible que me quedara en estado catatónico a las 7 de la mañana. Semejante madrugón (a las 5 desayunando) para ir a morir. Eso sí que sería un día para quedarse en la cama.
Una de las típicas quebranta–encéfalos es “cuando compremos las ovejas, era buena época”. Solía pensar que vaya manera de comenzar una conversación, y a estas horas de la mañana. Ahora va a resultar que se creen que pueden convencerme, por estar medio dormido, de comprar ovejas junto con ellos. Pues lo llevan claro. Pero espera, ¿cómo que “era buena época”? Algo no casa muy bien.
Obviamente, semejante hilo argumental me lleva demasiado tiempo y el ganadero, que ya ha llegado a la conclusión de que soy un maleducado o que estoy dormido, opta habitualmente por girar la cabeza y esperar que responda mi jefe.
Cuando le responde “pues sí, las comprasteis muy bien compradas”, comprendo. Ahora todo casa. Prometo que a partir de hoy, cuando me digan “cogemos aquel cordero”, les entenderé y no me haré el longuis sin querer, sino bien adrede.
La otra opción, que no he dicho, es insistir en que abra la boca. Para lo cual continúan hablando solos hasta que cambian de conversación.
Pero cuidado, inesperadamente pueden soltar una frase del tipo “no sé por qué, pero estas ovejas están enfermizas”. Cuidado, insisto, a estas horas mi lengua me puede traicionar y ser más rápida que yo. La tentación de responder “y que lo digas, a mi me pone malo solo pensar en venir aquí”, o un simple “cuéntamelo a mí”, es demasiado grande.
Sólo me retiene que pueden tomárselo muy a mal, sobre todo si ya la anterior pregunta no se la he respondido. O bien puede que directamente ni sepan de qué hablo, con lo que se crean que soy todavía más tonto, si cabe.
Que quede claro que sólo pretendo anotar frases graciosas y memorables en un contexto ameno y sin ánimo de ofensa. Comprendo que yo he tenido la suerte de ir a escuela y ser alfabetizado. Jamás ridiculizaré a los que directamente se les negó semejante posibilidad.
Juegos Olímpicos de Pekín 2008: I love Lightning–Bolt
Vaya final la de Usain Bolt en 200 m, con nuevo récord mundial y olímpico. El más genuino relámpago (“bolt” traducido a español), ha acabado con los reinados de Michael Johnson y Asafa Powell de un plumazo. Frederick Carlton (Carl) Lewis, el hijo del viento, por fin puede descansar tranquilo. Él ha encontrado sucesor. Nosotros hemos encontrado al nieto del viento. Alguien de la talla de Jesse Owens en sus tiempos.
Casi todos tenían alguna reserva con respecto a las posibilidades de Bolt de batir el récord de Johnson en 200 m. Sinceramente, después de verle arrancar como lo hizo, con viento en contra, y permitirse llegar a meta mirando al crono para meter la cabeza justo una centésima de segundo por debajo de lo supuestamente imposible, creo que es incluso capaz de más (vídeo). Desde luego, en 100 m lisos está más que claro que si no se pasea (vídeo), lo volverá a rebajar en no mucho tiempo. Podríamos decir que la verdadera carrera se corre siempre 5 metros por detrás suyo (prestad atención a los ganadores del 3er y 2º puesto).
La hazaña de Bolt encuentra cierto parecido con Lewis, quien también logró ganar ambas pruebas en unos mismos juegos olímpicos. No obstante, es el primero en conseguir también récord en ambas en la misma olimpiada. Y todavía le quedan los relevos 4 × 100 m, donde seguro que consigue otra medalla y muy probablemente otro récord.
Aunque es tan grande como Phelps (enlaces propios 1 y 2), hay algo en él que me atrae más. No sé exactamente lo que será. Tal vez sea lo payaso que es, sus pantomimas, su desvergüenza, su descaro. Tal vez sea su fidelidad a sus orígenes, demostrada con su negativa a correr por los EE.UU..
Sin embargo, lo que sí sé seguro que me gusta, y mucho, es la reivindicación del tipo leptosómico–atlético como el del atleta por excelencia, sea cual fuere su especialidad. No en vano, lo primero que me llamó poderosamente la atención de él fue lo estirado que es en comparación con los demás velocistas. Precisamente al estilo del mencionado Lewis (no soy el único que se ha dado cuenta).
Hacía ya años que venía preguntándome cómo podía ser que las razas de caballos y perros mejor adaptadas para la carrera (por no hablar de animales salvajes), tanto de larga como corta distancia, invariablemente pertenecían al tipo leptosómico. Para saber de qué hablo, ved fotos de algún pura sangre inglés y galgo, y me las comparáis con un percherón o un pit–bull. (Ya perdonaréis, pero no he encontrado vídeos comparativos en los que salgan estas u otras parejas corriendo simultáneamente.)
En resumen, si desde hace siglos se sabe que lo mejor para la carrera es tener patas (piernas) estiradas y pulmones amplios, no comprendía por qué en las últimas 2 décadas se había impuesto el tipo atlético entre los velocistas humanos. Siglos de pericia veterinaria, experiencia de criadores, resultados de carreras y apuestas, por la borda. No lo entendía.
Para colmo, tampoco me gustaba la fastuosa tendencia de la gente a descalificarme como velocista dado mi porte, más leptosómico que otra cosa.
En fin, que me alegro de que alguien ponga los puntos sobre las íes y reivindique lo que la experiencia nos ha demostrado desde hace siglos. I (L) Bolt.
Juegos Olímpicos de Pekín 2008: Natación, Atletismo y otros
Finalmente Phelps ha hecho historia, aunque en dos ocasiones haya salido victorioso por tan sólo 1 centésima (en 4 × 100 m libres y 100 mariposa, donde el serbio Milorad Cavic reclamó) y realmente le deba un par de favores a Jason Lezak (decisivo en los relevos 4 × 100 m libres –vídeo– y los 4 × 100 estilos combinados –vídeo–). Sea como fuere, ha logrado igualar y superar la gesta de Mark Spitz (columnas escritas por él –traducidas–), salvando las diferencias, y recopilar nada más y nada menos que 14 oros y 16 metales olímpicos (sólo superado en cantidad por Larissa Latynina… por el momento). No me sorprende que en consecuencia también haya estado a escasa distancia de batir récord de audiencia televisiva. Veremos qué logrará en Londres 2012, cuando se supone que alcanzará su plenitud, aunque para entonces es probable que surja alguien capaz de hacerle frente.
Igualmente extraordinaria ha sido la gesta de la británica Rebecca Romero (hija de un español), quien ha logrado conquistar dos oros en disciplinas completamente diferentes (solo otra mujer, Roswitha Krause, logró algo parecido). La primera fue en remo cuádruple scull (Atenas 2004) y la segunda ha sido en persecución de pista (ciclismo), en Pekín. Nunca nadie había logrado nada semejante.
Lo que a mi más me llama la atención es que se pasara al ciclismo porque el médico le aconsejara dejar el remo por una lesión de espalda. No dudo que sea cierto y efectivo, pero por experiencia sé que la espalda es precisamente lo que más sufre cuando vas en bicicleta, sobre todo si te dedicas a adoptar posturas aerodinámicas como ella debe hacer.
Termino con Usain Bolt. El velocista jamaiquino no parece siquiera humano. Entre otras cosas ni se acerca al prototipo fisonómico compacto que últimamente se venía imponiendo entre los sprinters. Me recuerda bastante más al prototipo de velocista que existía antes, el tipo más bien larguirucho (aunque fuerte). Algo así como el conocido “hijo del viento” (Carl Lewis), aunque él sería el “nieto del viento”.
Pero lo que verdaderamente le hace parecer inhumano fueron sus cuartos de final y semifinales. Parecía estar dándose un relajado paseo. Insultante. Sin embargo, la apoteosis la alcanzó en la final (vídeo). En la final más rápida de toda la historia (6 de 8 bajaron de 10 segundos), Bolt terminó el hectómetro dejándose llevar tras haber sacado una ventaja de unos dos metros. Y batió el récord mundial y olímpico. Para flipar, lo pesques por donde lo pesques.
Puede que el motivo para que al final no apretara, sea que se haya reservado para los 200 m (mañana es la final, por cierto). Sinceramente, lo dudo. Cuando terminó con el sprint, continuó trotando durante un buen rato por tooodo el estadio, sin parar ni un momento a descansar. Se puso incluso a bailar. Mi opinión es que seguramente pretenda batir varias veces el récord del mundo, al estilo del “hijo del viento”. Sobre todo si sigo la sospecha de que seguramente paguen cierta prima a los cada vez que se rebaja una marca.
Por cierto, que parece que Jamaica es el nuevo paraíso de los velocistas, tanto de hombres como mujeres.
Tengo que seguirles la pista. Especialmente a Bolt y a Phelps.
Alternativas al todopoderoso Google
Hoy voy a continuar con diferentes tipos de buscadores–enciclopedias, palabras que en términos prácticos poseen una diferencia mínima cuando de buscar información se trata.
Precisamente por continuar con el hilo de la anterior entrada, debo comenzar con el lanzamiento de Wikia-Search (enlace alternativo), una especie de contraataque de Jimmy Wales contra Google (enlaces a sus blogs). Es un buscador “social”, que como tal tiene sus propios principios. De momento (aún en fase de pruebas) es sumamente decepcionante.
Más interesante es el nuevo Cuil (pronunciado “cool”). Lanzado por ex empleados de Google, aseguran tener indexados el triple de sitios que el motor de su anterior compañía. En virtud de lo cual prometen realizar mejores búsquedas. En mi opinión, dado que resultados de 40.000 o 120.000 páginas supone una diferencia que no me aporta nada (jamás voy a llegar hasta el resultado número 100), lo mejor de ellos es el novedoso formato de resultados. Lo que hacen falta son búsquedas más inteligentes.
Por otra parte, hace ya tiempo que se lanzó Exalead. Como estoy casi seguro de que ninguno de vosotros habrá oído hablar de éste, resulta obvio que la alternativa no ha terminado de cuajar. Algo que los hace diferentes es la posibilidad de personalizar la página de búsqueda inicial con accesos rápidos a las webs que más usemos. Es decir, nada que no esté haciendo yo en mi propio blog con todos los listados que pienso publicar. Más curioso es que podamos introducir nosotros mismos en su base de datos las páginas que queramos, como podría ser nuestro propio blog.
Pero si somos realistas, el único competidor real de Google hoy por hoy es Yahoo!, dado que ocupa el segundo lugar en búsquedas realizadas. Sin embargo, Yahoo no está atravesando un buen momento y puede irse al garete el día menos pensado.
En cualquier caso, el buscador avanzado de Google no tiene parangón. O al menos, no se lo he encontrado. Lo genial es que cuando te encuentra miles de resultados, lo que quieres y necesitas es acotar más la búsqueda (de una forma sencilla) y que siga siendo igualmente efectiva (que no te eliminen páginas buenas).
Mención aparte merecen los “buscadores ecológicos”. En esencia prometen invertir parte de los beneficios generados en replantaciones forestales. No deja de ser curiosa la metodología empleada por Google cando lanzó Ecoogler, un intento bastante burdo, pero efectivo, para suplantar a Ecocho (tengo muchas entradas al respecto).
En el nuevo listado que voy a editar bajo el título “Buscadores generales”, los clasifico desde mi preferido hasta los más chorras, como el Google logomaker.