Star Wars 3.5: Darth Vader, el Hijo de la Fuerza
Esta nueva entrega de la serie épica de aventuras galácticas, transcurre principalmente en un planeta semi-desierto, con algunas misteriosas plantas espinosas (aliagas), extrañas rodaderas (capitanas) y árboles siniestramente raquíticos (pinochos y coscojas). Prácticamente el único animal que lo puebla son unos bichos lanudos y medianos a los que les gusta darse cabezazos entre ellos (ovejas). La ausencia de depredadores naturales también confiere al paisaje la consecuencia lógica de su superpoblación: excrementos suyos en todas partes (ciemo). Planeta tan bondadoso en recursos animales no deja de ser aprovechado por una especie alienígena semi-inteligente que se viste con harapos e indumentaria extraña (pastores)
Con este escenario, el argumento gira en torno a una hipotética lucha final entre Darth Vader y Yoda. A fin de cuentas, lógico es que el Gran Maestro Jedi, Yoda, restaurar el equilibrio de la Fuerza intente.
Tras amenazas y demostraciones de fuerza (descargas iracundas contra bichos lanudos), empiezan a zurrarse entre ellos. De algún modo, al final no pelean con espada láser (puya eléctrica), sino a mano descubierta. Darth Vader finalmente eleva telequinésicamente por los aires un extraño artilugio alienígena, que pesa unas cuantas toneladas, y logra alcanzar en el pie a Yoda, cuyas fuerzas ya comenzaban a flaquear. Por suerte, Yoda logra huir, aunque como se verá en el capítulo 4 quede relegado al ostracismo y exilio más absoluto.
No obstante, queda la posibilidad abierta de que Yoda además haya sido fuertemente sobornado por un Lord Sith (mi jefe), tal vez el Conde Dooku o el propio Darth Sidious persona, para ponerlo fuera de escena.
Según la versión oficial, Yoda jamás llega a enfrentarse a Darth Vader. Una explicación racional sería que es porque sabe que no puede vencerle. Si tratara de enfrentarse a él, lo más probable es que sucediera algo semejante a lo propuesto, ya que Anakin Skywalker, esto es, Darth Vader, al ser hijo directo de la Fuerza (no tiene padre), tiene una tasa de midiclorias en sangre mucho mayor que la suya.
Por otra parte, si han hecho una especie de Star Wars 2.5 (El ataque de los clones, de dibujos animados), ¿por qué no filmar esta nueva versión intermedia?
Hasta aquí el guión de una posible película inédita sobre la serie con la que vengo haciendo tanta chanza últimamente, cuando la equiparo con hechos divertidos que suceden en mi trabajo y tonterías con las que pasamos el rato.
El guión, traducido para los infieles (de mi blog o de la saga), viene a simbolizar, primero, cómo yo (Darth Vader) lesioné a Álvaro (Yoda) el martes pasado. Nos dispusimos a mover entre los dos una comedera de ovejas (el artilugio alienígena que pesa un centenar de kilos). Lo que sucedió es que estábamos dentro de la paridera prácticamente sin luz, casi a ciegas, e intentándola mover de forma totalmente descoordinada. Accidentalmente la moví entera y le di con una pata tan bien (no sé si fuerte o con un ángulo especialmente malo), que de momento ya lleva cinco días sin currar. Todo a una semana de tener que dejar el trabajo porque ya no necesitamos refuerzo, con lo que tendrá que emigrar de este “mundo” (Teruel).
Por otra parte, gracias a eso por fin he ido un día a trabajar junto con mi jefe (un Lord Sith, seguramente Darth Sidious por su sonrisa cariada [poned el ratón encima del hipervínculo]). De este modo, pude comentarle que pese a mi ligera subida de sueldo en realidad estoy ganando menos dinero, ya que ahora pongo mucho más mi coche y móvil para el trabajo de empresa. Me respondió que ya lo miraría. Dicho y hecho, a los dos días me sorprendió con un sobre en el que daba a Álvaro más de una paga extra completa. De ahí lo del soborno.
Justamente alguien dijo que “Yoda puede a Darth Vader”. Ese “alguien” ha recibido una lección que espero que haya aprendido y jamás olvide.
Noticias alternativas
Para empezar, destaco el nuevo récord de eficiencia de placas fotovoltaicas y la introducción de la energía geotérmica en España. En ambos casos, los alemanes están detrás, ya que han sido bien los investigadores o pioneros en su introducción en Europa respectivamente.
Por último, me llamó la atención la comercialización de minirreactores nucleares, del tamaño de un frigorífico, aunque capaces de suministrar energía a 20.000 viviendas. Se supone que están ideados para complejos turísticos aislados o para desalinizar agua, allí donde la red eléctrica normal no llega o no existe. También justifican su seguridad, ya que se detienen necesariamente en caso de problemas técnicos. En cualquier caso, recordemos que todas estas cosas suelen ser más rentables cuanto más grandes (hasta cierto límite, por supuesto).
Sigo con temas medioambientales
Tras el vergonzoso encubrimiento de datos de la NASA (agencia estadounidense, no lo olvidemos), ahora hacen público un estudio que avala la pérdida de, atención, 2 billones de toneladas de hielo en el Ártico desde el 2003. Supone “sólo” 400.000 millones de Tm por año. Junto con lo aportado por la Antártida, el nivel del mar ha subido 4,5 mm.
Además, este último año la temperatura del Océano Ártico ha ascendido 9-10 ºC. Algo brutal, sobre todo teniendo en cuenta que una especie bien adaptada al frío ártico sufre ante el calor mucho más que nosotros, especie de origen tropical.
La parte buena del día viene con la aprobación final por parte del Parlamento Europeo del paquete de medidas “triple 20” o “20-20-20”:
- 20% de reducción de emisiones de dióxido de carbono (CO2).
- 20% de aumento de la eficacia energética.
- 20% de la energía de origen renovable.
Todo para el 2020 (¿otra vez 20-20?, ¿no debería ser quíntuple 20?, ¿y por qué siempre hacen juegos de palabras?). Teniendo en cuenta la actual crisis económica mundial y la tendencia demostrada por países como el nuestro en plena época de bonanza, me parece demasiado ambicioso (ojalá se cumpla el 50% de lo pactado).
La Cumbre Mundial del Clima de Bali
Rescato lo que escribí hace siglos y jamás publiqué:
Por fin el mundo parece haberse puesto de acuerdo por un objetivo común (hablo de Bali). O mejor dicho, por fin EE.UU. ha hecho lo nunca visto en ellos, que es dejar al mundo ponerse de acuerdo por un objetivo beneficioso para todos. Porque su política exterior, consistente básicamente en no dejar levantar cabeza a nadie por el mero hecho de que nadie se les adelante tecnológicamente, es la verdadera responsable de gran parte de los males que vive hoy en día la humanidad. Guerras tan claras como la de Iraq son la menor parte de los males que han generado. Ni qué decir tienen la multitud de dictadores que ellos mismos se han encargado de imponer en el poder de tantos países (como Pinochet mismo). Ni la soga con la que tienen atados a tantos países tercermundistas donde les explotan y roban a costa de lo que sea (incluidos ciertos materiales fundamentales para construir los odiosos móviles). Ni sus continuas negativas a hacer nada por evitar el calentamiento global. Porque claro, si ellos consumen menos petróleo y carbón, a lo mejor China continúa incrementando su consumo hasta igualar al que ellos tienen por cabeza (qué injusticia, por otra parte, ¿verdad?), con lo que tal vez sus habitantes alcanzarán un nivel de vida tan digno como el estadounidense, y, ¡horror!, tal vez la recesión económica que sufrirían ellos en sus propias carnes les acortara la ventaja que poseen en su liderazgo mundial.
Mejor harían en no aplicar políticas (económicas) a tan corto plazo y mirar más a medio–largo plazo qué es lo que realmente les conviene para vivir bien (que ello no implica ser el primero, ni mucho menos). Y si no, que me expliquen qué les está pasando con las hipotecas basura, por qué de repente las economías extranjeras ya no confían en su dólar y, por tanto, no lo quieren en sus reservas estatales.
Si algo aprendí en Historia, es que ningún imperio ha permanecido eternamente en el cenit de su esplendor. Todos, absolutamente todos, encuentran su descenso y caída, antes o después. Es cuestión de tiempo. Y el tiempo dirá.
Para quien le pueda interesar.
Algunas noticias del último mes y pico
Aunque no haya escrito nada sobre el tema desde octubre, llevo recopilando algunas noticias desde entonces. Intentaré resumir en una línea las que me considero más significativas, sin ordenarlas cronológicamente.
Cuando se celebró la Cumbre Mundial del Clima de Bali (Indonesia), me temía que iba a suceder lo que siempre con todas las cumbres climáticas mundiales: EE.UU. iba a gritar alto y claro “que os jodan a todos… salvo que yo también pierda”. Su política internacional es ésa, a fin de cuentas. Si alguien intenta levantar cabeza, le pisan el cuello para volverlo a hundir, excepto cuando les perjudica directamente. De todas maneras, la próxima entrada que publicaré será un resumen todas las que escribí en su día (para el anterior blog) pero que nunca publiqué. Yo también quiero decir algo al mundo sobre los U.S.A..
Sorprendentemente, al final dejaron solo a EE.UU. contra el mundo entero, aunque países clave como China se limitaran a exigir sin compromenterse a nada. Ante esto, se rindieron y levantaron su veto tradicional. Todos firmaron la llamada Hoja de Ruta de Bali, algo así como una ampliación del Protocolo de Kyoto.
Por cierto, este año entrante se tienen que revisar los avances conseguidos. España, llevo días diciéndolo,va a incumplirlo todo con creces y gloria. Luego haré revisión rápida de lo publicado en el último mes respecto a esta nuestra nación.
En cualquier caso, justo ahora se acaba de terminar el precalientamiento para la próxima Cumbre Mundial. Esta reunión, celebrada en Poznan (Polonia), pretendía cerrar las bases de un tratado post–Kyoto. Se esperaba y esperará gran implicación voluntaria y activa por parte de los EE.UU. (Barack Obama y su política pro-medioambiente frente al antiguo Bush).
No ha habido necesidad de dejarle actuar, pues Canadá y Japón han bloqueado en esta ocasión las negociaciones. Ante esto, Australia (la última aliada de EE.UU. en la cumbre de Bali) y otros países, también han dicho que no, que donde dije “digo”, digo “Diego”. Vuelta otra vez a negar que exista cambio climático global, con el consiguiente gran retraso en los escasísimos avances conseguidos tan duramente.
De todas maneras, la U.E. no ha dejado de instar a Barack Obama para que siga nuestro modelo propuesto de reducción de emisiones. Bravo por las buenas intenciones de la UE. Sobre todo si además tenemos en cuenta aquel objetivo propuesto en Bali, de forma voluntaria y en solitario, de reducir en un 20% las emisiones de CO2 para el 2020. En la misma línea, han surgido toda una serie de propuestas cuya finalidad de demostrar al mundo (especialmente a países no tan ricos) que se puede conseguir ser rico y respetuoso con el medio ambiente al mismo tiempo. La última noticia al respecto es que se ha acordado que un 20% de la energía sea renovable para el 2020 (no me equivoco al repetir “20%” ni “2020” tantas veces). Bueno, si hacemos memoria, no tiene nada de novedoso porque ya se sabía desde hace unos meses.
Volviendo a España, somos el país desarrollado que más ha aumentado sus emisiones de CO2. Desde 1990 hasta el 2006 aumentamos nuestras emisiones en un 50%, cuando nos habíamos comprometido a no rebasar el 15% en el 2012 y luego ¡rebajarlo un 5%! (para chulos y faltos de palabra y puntualidad, los españoles ). Como es de esperar, España, como miembro de la UE, tampoco va a poder cumplir con el compromiso de reducirlas aquel 20% que comentábamos antes de 2020. Toda esta desvergüenza silente por parte del gobierno, pretenderá subsanarse a golpe de talonario, es decir, mediante el comercio de emisiones y el pago de multas. Todo ello en lugar de tomarse en serio propuestas mucho más lógicas, viables y sostenibles (como premiar a los conductores eficientes, algo que casualmente comenté hace poco).
Lo único relativamente bueno que he leído sobre España es que espera generalizar la captura y almacenamiento de CO2 a partir de 2020. Muy tarde, me parece a mí, pero bueno. De todas maneras, me parece a mí que como no estén coordinados con el proyecto CO2SINK del que ya hablé, será perder tiempo y dinero.
Mientras tanto, apareció una especie de noticia bomba de esas que en España apenas llegan a ser susurro. Se trata de un método natural de secuestro de CO2, que reacciona químicamente con ciertos minerales y queda fijado en forma sólida (links 1, 2 y 3).
Aunque pueda ser un poco complicado entender mi principal duda a tan buen método, la expondré. Se trata de química de superficies, lo que supone saturación bastante rápida del sustrato. ¿Cómo se solucionará esto?
No obstante, todo esto no dejan de ser medidas que no se centran en el verdadero problema, que es reducir las emisiones. No deberíamos saltarnos las dos primeras R e ir directamente a por la última. ¿Acaso no está suficientemente claro que lo primero es Reducir?
El Reino Unido ha lanzado un novedoso sistema (PAS 2050), que contabiliza los gases de efecto invernadero de todo el ciclo productivo de cada producto que compremos (desde la obtención de materias primas hasta el tratamiento de desperdicios, pasando por la manufacturación y el transporte). Se trata de un sistema de auditorías orientadas a que las empresas reduzcan su huella de CO2 y, en un futuro próximo, el consumidor final pueda elegir qué productos prefiere gracias al etiquetado (trazabilidad).
Por otra parte, por si el CO2 fuera escaso, ahora también aparece en escena el CH4 (metano), unas 25 veces más potente que el propio CO2. Los niveles de metano en la atmósfera se dispararon a partir de 2007, aunque ya hablé de esto hace meses.
Tampoco es baladí el propio H2O (agua en estado gaseoso). A medida que los mares se calienten y el agua se evapore más rápido, generará una retroalimentación positiva que duplicará a su vez el calentamiento global.
Por último, en referencia a la subida del nivel del mar, otro de los problemas, llamo la atención sobre la terrible marea de Venecia, aunque en realidad esto sea más meteorología que climatología (al menos no peco de demagogo, aunque tampoco puedo porque no me lee casi nadie). En cualquier caso, se espera que a final de siglo el mar suba un metro como poco.
Para ello, la placa de hielo Wilkins de la Antártida va a aportar su granito de arena.
Acabo ya, tranquilos. Enhorabuena si habéis llegado hasta aquí, pero me pone algo enfermo que en las noticias de televisión no se dignen a dar ni una sola de todas estas noticias, aunque fueran tendencistas. Lo mejor es dejar al gran público en la ignorancia.
Por si no tenéis ganas de leer la ultimísima noticia que he visto, os adelanto que básicamente señala que este año ha sido uno de los más calurosos de toda la Historia (de la Tierra, que no nuestra).
Los famosos Músicos de Bremen tienen su casita de retiro en Teruel
No puedo dejar de poner lo bien que me lo he pasado hoy en el trabajo. Tal vez recordéis aquella mítica semana bestial, y más concretamente a los asalvajados que se dedicaban a dar chispazos a pobres chotos e incluso a su perro.
Sea como fuere, hoy ha tocado ir a revacunarles las ovejas. Lo especialmente divertido ha tocado al terminar, cuando estábamos almorzando al sol en el campo, sin viento ni frío (por una vez en muchas semanas). Vamos, que pinchando a las ovejas no es que me lo haya pasado especialmente bien, aunque las bromas y chanza constantes ayudan a llevarlo todo mejor.
El motivo de tanta diversión ha sido que el ganadero del que trato, y su mujer e hijo, tienen muchos animales. Quiero decir además del rebaño de ovejas. Si no me equivoco, tienen 6 perros, 2 gatos y 1 burro.
Para mí la diversión ha empezado observando al mastín jovenzacho que tienen mientras le daban de comer (¿lo recordáis?). En realidad no le daban de comer a él solo. Él es quien ha decidido que el medio saco de pienso (15 kg) que estaban echando era demasiado bueno para compartirlo. Se ha abierto de patas, se ha arremangado (bueno, esto no) y se ha dispuesto a arreárselo todo él solito. Si algún otro perro se acercaba más de 2 metros, gruñía sin dejar de engullir. El gato que ha osado acercársele se ha llevado un tremendo cabezazo (¿se lo habrán enseñado las ovejas?), por supuesto también sin dejar de tragar.
La siguiente oportunidad de reírme ha sido cuando el burro ha desaparecido. El pastor (también ganadero) tiene enseñados a los perros a traerle al burro cuando éste, que tiene mucha personalidad, decide irse de paseo vete a saber dónde (casi siempre a hacer alguna maldad). Lo traen, claro está, ladrándole y amenazándole con morderle (recordemos que son perros pastores y eso es lo que hacen).
Aunque hoy no lo han encontrado (el burro cambia cada día de escondite), me he puesto a recordar una vez que vi a los 5 perros (el mastín aún no estaba) conduciéndolo hasta el pastor. Lo divertido es que el burro sabía muy bien adonde tenía que ir y que se había estado haciendo el sordo a las llamadas del pastor (quien siempre comienza llamándole por las buenas, y como último recurso manda a los perros a buscarle). Pero aún más divertido fue el carácter vengativo del burro. Parecía que ya estaban todos tranquilos, cuando de repente, a un perro que se le acercó demasiado, le arreó un bocado y lo echó por los aires un metro y pico. Por si no os lo habíais planteado nunca, un bocado de burro duele mucho y en mucha superficie.
Luego acorraló al perro doméstico de la hija (aquel día apareció con su bonito samoyedo de ciudad). El pobre animal, que no había hecho nada excepto ser un can incauto, se acercó al burro mientras éste se comía restos de fruta (una golosina para él). De repente, el burro le pegó un fuerte puñetazo (o patada con el casco delantero, para que me entendáis), y a continuación le persiguió hasta que quedó atrapado entre unas sabinas retorcidas donde no alcanzaba a darle dentelladas.
Volviendo al día de hoy, el burro no ha aparecido hasta que ha salido por voluntad propia de su escondite. Mientras, los gatos estaban acechando el almuerzo. Intentaban atacar la mesa desde abajo y desde arriba, desde atrás y desde delante. Subidos a la tapia con la que nos parapetábamos, calculaban minuciosamente su salto sobre la tortilla mientras se relamían los bigotes. Por suerte, para el empeño y cejo que han invertido, no han llegado a tener demasiado éxito. Incluso uno de ellos (el que se ha llevado el cabezado del mastín), ha recibido una especie de golpe de kárate–colleja por parte de la mujer (que es algo mayor) cuando estaba a punto de saltar desde un punto elevado sobre la mesa. Ha sido graciosísimo ver de repente a una mujer mayor cazar así a un gato.
Hoy no ha sido un buen día para el pobre gato. Para rematarlo todo, se ha llevado también un manotazo del mastín, que estaba tumbado largo junto a la mesa. El perro se ha creído que hemos echado algo de comer al suelo y que el gato se lo estaba zampando a su propia vera. El gato, mientras, lo que realmente hacía era lamerse las patas. De pronto, una mano más grande que su propia cabeza lo ha movido con brusquedad unos quince centímetros (dentro de lo que cabe, el mastín sabe lo fuerte que es y se controla). Eso le pasa por mariquita y aseado. Al campo no va uno de señorito de ciudad y si hay que comer con las manos sucias se hace y punto.
Para terminar, Álvaro ha tenido que coger a uno de los gatos, ponérmelo junto a la oreja, y llamarme para que me diera la vuelta. Eso me ha dado una idea, que él mismo ha puesto en práctica. Se trataba de poner al gato sobre el mastín, y al mastín sobre el burro, a ver qué pasaba. Luego sólo había que buscar un gallo y enseñarles solfeo a los cuatro. Pan comido, pero el muy rajado se ha detenido en el segundo paso, es decir, levantar al mastín (con el gato encima).
En otras palabras, el pobre gato ha vuelto a tener otro subidón de adrenalina al verse sobre el perro. Lo que, bien mirado, también ha sido gracioso, porque al mastín, mientras no haya comida de por medio, le da igual lo que hagan con su cuerpo (es un auténtico Mastín Zen).
Para la comprensión profunda de su superioridad, habéis de saber que luego se ha vuelto loco de alegría al ver unos chotos pequeñitos (también es un auténtico padrazo). Tan contento, que de pronto quería jugar. Los empujones y cabezazos de un bicho que pesa 70 kilogramos (tanto como yo), junto con auténticos latigazos por parte de su cola (¡hasta ahí tiene fuerza, el muy Zen!), cuando menos, imponen. No sé cómo, hemos terminado jugando de tal manera que yo le estaba pisando el cuello (sí, pisándoselo). Pero atención, que el tío es tan sobrado que se ponía panza arriba para que siguiera haciéndole “caricias”. Ahí ha terminado de derrotarme psicológicamente. Encima de Zen y fuerte, estratega e inteligente. Con razón es el puto amo de la manada y ni siquiera el burro se atreve a tocarlo (excepción verídica).
Como conclusión sobre la gente en mi trabajo, me afirmo en que suele ser bastante agradable y buena. Lo que pasa es que de vez en cuando, es decir, cuando les cae un artilugio nuevo entre las manos, se les va la pinza. Se comportan como auténticos críos, experimentando y probándolo todo, sin preguntarse si estará bien o mal lo que hacen.
De hecho, a excepción de la anterior vez, estos ganaderos me caen bastante bien, ya que dan de comer a todos los animales que tienen (no permiten que el mastín lo acapare todo), no los matan si les sobran (o dejan morir de hambre –práctica rural habitual–), les acarician y hasta les dan golosinas (pienso sabroso a los perros y gatos, caramelos al burro). Los actos crueles están bastante lejos de su forma de ser habitual.
Puente telescópico
Un puente telescópico es un puente que crees que se acaba, pero cuando llegas al final resulta que se alarga un poco más. Es lo que me ha sucedido esta Constitución.
Seguro que pensáis que tengo una suerte envidiable. Seguro que me querríais cambiar vuestro trabajo por el mío, habida cuenta de que trabajo una media de 19 días mensuales (frente a los 22 típicos). Esos tres días de diferencia son días que mi jefe, por pura falta de previsión, no tiene nada que mandarme y me quedo en casa tan contento. O no tan contento, si tenéis en cuenta que tengo que esperar su llamada de trabajo incluso hasta las 23:30, hora nada saludable si la combinamos con que madrugo bastante (6:15 ahora en invierno -si no, una hora antes-) y que no duermo la siesta (mi jefe sí).
Lo peor del asunto es que tengo que esperar a que mi jefe no me llame. Por tanto, puedo soportar perfectamente un duermevela forzoso y torturante hasta las 12:30, después de un día repleto de peleas con ovejas, conducción, inglés, francés, natación y otros extras que me suelen surgir.
Aun con todo, seguro que muchos/as me dicen que ojalá a ellos los no-llamaran para no ir a trabajar dos o tres días al mes. Ni de coña, les digo. A nadie le gusta tener un trabajo en el cual te pagan poco precisamente porque no trabajas tanto como podrías, a cambio de tener días libres sueltos de forma totalmente imprevisible. A las horas a las que me entero, ya no puedo organizarme nada ni quedar con nadie, sobre todo porque vivo en un pueblo pequeño. ¿Qué carajos puedo hacer yo allí, tooooodo el día más solo que la una? ¿Estudiar inglés o francés? (de hecho para eso me he apuntado, para no aburrirme, y ni con esas). Un asco, os lo digo yo. Sólo me pilla bien cuando es un viernes el día liberado (que no libre), lo cual fue una vez (aún lo recuerdo, con gran añoranza). Parece ser que el viernes a la gente, incluido mi jefe en su papel como tal, le entran las prisas por la llegada del fin de semana. Ya se sabe que en España si algo se hace a última hora y mal, doble mejor.
La verdad es que puedo llegar a comprender que haya trabajos más asquerosos que el mío. Lo único que pido es un poco de simpatía y empatía.
Precisamente por el último párrafo, puedo entender que pese a todo haya quien opine que mi trabajo es cojonudo, con días laborales que de pronto son festivos. Donde creo que me darán toda la razón va a ser con lo que me ha sucedido este puente.
Tuve la maravillosa ocurrencia de irme al Pirineo con mi novia, junto con unos cinco millones de madrileños. Todo muy bien y relajado, hasta la vuelta. Sufrimos 55 kilómetros de retenciones (Biescas-Nueno), estando la mayor parte del tiempo parados casi del todo. Nos costó 5 horas y 10 minutos hacer un viaje de 1:45 horas. Allí estuvimos, con cara de tontos, pensando que nosotros debíamos de ser los únicos en 200 kilómetros lineales (que no a la redonda), que no esquiábamos. Lo que me lleva a mi filosofía de preservación y sostenibilidad que se opone al modismo de los pijos palilleros esos [también vale el enlace al blog La cara oscura del turismo].
Por fin llegamos a Zaragoza, temiéndome que habían desviado el tráfico de la A2 por la A23. Aún me quedaban mínimo 3 horas de viaje por culpa de un camión que había volcado a la altura de Zaragoza.
Con las prisas por cenar rápidamente, abrí de golpe una olla a presión que aún tenía mucha presión dentro. Las borrajas hirvientes esparcidas por toda la cocina no me relajaron mucho. Cené, llamé a mi jefe 3 veces porque me temía que no habría trabajo al día siguiente (no me descolgó), y fui a recoger a Álvaro.
Con la esperanza de evitar el siguiente atasco en la medida de lo posible, fuimos por en medio de Zaragoza hacia el barrio Casablanca. Mientras, Álvaro insistió en las llamadas. Claro que, sin saberlo, primero se equivocó de número y le saltó un buzón. Menos mal que le devolvieron la llamada en 3 minutos y la pudo repetir. Esta vez sí que rspondió nuestro jefe, y mi corazonada era cierta, no había curro.
Mi corazonada estaba basada en dos hechos fundamentales: era muy tarde para cuando nos suele llamar los domingos (las 22:30), y, mucho más importante, él también se había ido de puente. En otras palabras, sabiendo lo increíblemente huevón que es, no se dignó ni acordó de llamar y quedar con ningún ganadero para trabajar al día siguiente. Según su versión oficial “es que había llovido mucho”.
En el momento no me enfadé mucho. Lo estoy más ahora, en frío (y no sólo por el frío en el trabajo). Podíamos haber pasado un día más en el Pirineo, relajaditos y tranquilos, y además habernos ahorrado la tortura automovilística del regreso. ¿Aún queda alguien que considere que tengo suerte por esos días libres?
Ahorrar gasolina (o diésel) en tiempos de crisis
Parece que ahora, con esto de que estamos en recesión económica, aparecen a diestro y siniestro mil y un consejos sobre cómo ahorrar en gasolina. No es tema baladí, ya que en mi caso supone el principal gasto mensual, y en el de la mayoría de la gente el segundo (tras los alquileres –o hipotecas– precisamente tan relacionados con la burbuja inmobiliaria y la crisis).
Sin embargo, me revienta que haya que apelar una vez más al egoísmo humano (u occidentalismo, capitalismo, etc.), antes que a temas de interés común (menor emisión de CO2) para convencer a nadie. Esto va precisamente por los que no me leen, ya lo sé. Ya sabréis que esta entrada la dedico, en primer lugar, a evitar el calentamiento global.
Como me conozco y me voy a enrollar demasiado, voy a presentar primero todos los puntos que se me ocurran y, en unos días, explicaré el por qué de cada punto o hasta mis experiencias empíricas (con revelación final de mis consumos propios), por si a alguien le cupieran dudas de la sensatez de cada propuesta. Así mismo, si alguien me recuerda o propone algo nuevo en los comentarios, lo incluiré si lo considero oportuno.
1. Usa el coche sólo cuando sea imposible cualquier otra opción. En su lugar, ve andando, en bicicleta o en transporte público.
2. Comparte el coche siempre que puedas, sobre todo en trayectos largos y medios. Cuanta más gente vayáis juntos, mucho mayor ahorro. Existen muchas páginas web para poner en contacto a los que quieren hacer esto. Como aragonés, destacaría el proyecto Menos Humos. No obstante, daré un listado más completo (e investigado) otro día.
3. Cuando conduzcas, evita dar acelerones o frenazos (“decelerones”) bruscos, y no vayas a velocidades elevadas. La velocidad óptima suele ser de unos 80–90 km/h.
4. Lleva marchar largas, lo más largas posible.
5. Frena con el motor en los descensos prolongados.
6. Conduce con anticipación. Fíjate en los tres que van delante de ti y anticípate a todo lo que vayan a hacer, para evitar frenar demasiado e incluso parar.
7. No cargues innecesariamente el coche cuando te vayas de viaje.
8. Evita todo lo que atente contra el aerodinamismo: ventanillas bajadas, bacas, alerones, etc..
9. Cuando rellenes el depósito, hazlo de paso que vas a algún otro lado (no conduzcas sólo por eso), por la mañana temprano, y lentamente (si es autoservicio).
10. Rellena el depósito antes de que baje de la mitad.
11. Busca cada día de repostaje la gasolinera que venda más barato en tu zona de paso. Para ello puedes servirte de la página del MITYC (Ministerio de Industria, Turismo y Comercio). Obviamente, si eres el típico egoísta (o ignorante) que decía antes, limítate a este punto, que es el más cómodo (y facilito de comprender).
El rompecabezas termina de encajar, con lo que el Universo completo deja de esconderme secretos
Hoy mi jefe ha reventado la faja que suele ponerse desde que le dio aquel tirón de espalda que ya había comentado. Estábamos en plena faena y de repente he oído un fuerte desgarrón de tela. Pese al horrible y gélido viento me que atravesaba de lado a lado, lo he percibido claramente. Un vistazo posterior cuando se la estaba intentando arreglar me ha permitido saber de qué se trataba. Lo mejor es que es de puro engorde, sobrepeso que está adquiriendo desde que yo trabajo con él. Os aseguro que no he desaprovechado la oportunidad de decirle “si es que trabajo como un mulo para ti”. Me voy a callar su respuesta, porque se me va de tema y de puro grosera (sexualmente hablando).
Tras esto, me he acordado del uso indebido de la Fuerza y cómo nos arrastra al Lado Oscuro. También me he acordado de que hace no mucho que me (nos) pasan estas cosas. Y Álvaro está hace poco con nosotros. Así es como, a base de puro golpe craneal, he empezado a encajar las piezas del rompecabezas (la mía ha sido demasiado dura –o fuerte– para quebrarse). El origen de tanta fuerza ahora está claro para mí.
Me explico mejor. Álvaro, “casualmente”, habla de un modo peculiar. Habla del revés. Frases como “el otro día mi padre, su novio y mi hermana […]” son frecuentes en él. Por si acaso, deberíais saber que quien tiene novio es su hermana.
Encima es un tipo más bien bajito y escuchimizado. Incluso verdulón (su humor es “muy adulto”, y su piel algo cetrina). Aún no es bicentenario, pero todo se andará.
¿Os dais cuenta ya de a quién se parece? ¡Él es Yoda! [poneos encima del hipervínculo]. El jodido duendecillo escuchimizado que me susurraba subrepticiamente al oído “usa la fuerza” era él. No en vano, él siempre ha estado presente (y muy cerca) de todos los sucesos brutales que se han ido aconteciendo.
Lo que no nos contaron en Star Wars es que el cabroncete de Yoda (claro pseudónimo de “Álvaro”), no tenía nada de místico. Lo único que hacía era agrupar gente en una secta, luego manipularlos para que cometieran actos vandálicos, y, finalmente, partirse de risa en frente suyo (es lo que mi amigo hace). Definitivamente, la supuesta Fuerza del maestro Yoda consistía simplemente en ser más bruto que comerse un bocadillo de garbanzos crudos.
En conclusión, ahora que sé la verdad, me voy a pasar al Lado Oscuro. Quienes me conocéis sabéis que voy con buen pie. El sonido estertóreo de Darth Vader [poneos encima otra vez] ya lo tengo bastante perfeccionado. Por tanto, ¡temedme! Soy mucho más poderoso que Yoda (es decir, Álvaro), y busco venganza sin límites por tanta humillación pública. Invitadme a vuestra casa, y os la reventaré en astillas con sólo echarle mi aliento. Sabéis que soy muy capaz.
Perros camperos
Una de las numerosas facetas de veterinario de campo que jamás nadie te explica, es precisamente habituarte a llegar a explotaciones donde el dueño llega tarde y a su alrededor hay muchos perros. Perros que, de un modo u otro, saben que tú eres un intruso. Así que la clave está en no pasarse de la raya. Vamos, no echar a correr en cuanto ves aparecer a los perros, no amenazarles, no hacer mención de abrir la paridera o puerta de la explotación. Resumiendo, no hacer nada sospechoso. Hay gente que tiene miedo a los perros porque sí; sin embargo, siendo simplemente precavido y con cierto sentido común, sobra.
De todas maneras, siempre hay perros más cabroncetes que otros. Me refiero a los que ladran y ladran como energúmenos en cuanto apareces. La mayoría de ellos basta con plantarles cara (es decir, no darles la espalda) y se acojonan. Sobre todo si creen que tienes una piedra o algo con lo que defenderte. Eso sí, en cuanto vuelves a darles la espalda, ahí están, todo gallitos. Muchos de estos terminan aburriéndose al cabo de un minuto y medio, y tan amigos.
Creo que no soy especialmente miedoso ni valiente, por lo que es probable que estéis de acuerdo conmigo en que no son estos perros realmente malos. Tengo grabados en la memoria dos perros en particular. Uno era un auténtico asesino. Un cruce de pastor alemán. Estaba atado con cadenas, de las que tiraba a morder a todo el que se le acercaba, incluido dueño, como si le fuera la vida en ello. Tiraba tanto que se ahogaba a sí mismo hasta quedarse medio grogui y con los ojos casi colgando.
El otro fue peor, porque era un mastinaco de esos que pesan 65 kg (casi tanto como yo) y con mala folla. Ese sí que daba miedo. Estaba agazapado tras la puerta, y esperaba a que entraras. Entonces, una vez dentro, empezaba a emitir un gruñido ronco y a acercarse poco a poco. Por suerte, yo traspasé una segunda puerta antes de que se acercara mucho. Por suerte, todavía ignoraba lo peligroso que era, si no hubiera echado a correr de puro cague (y ahí sí que la habría cagado). Porque justo después el dueño, que estaba ahí de casualidad, me dijo que cómo me había atrevido a entrar. No sabía de qué me hablaba, además de que le expliqué que había entrado dando voces para llamarle (otra regla importante y lógica para que un perro vea que no pretendes nada). Entonces me contó cómo a un amigo suyo un día le dijo “de broma” al perro, “¡ataca!”, y se le enganchó al brazo. Luego ya no había quien los separara. El mostrenco ese ahí, desgarrando el brazo a tu amigo, y supongo que el amo pensando “qué broma más cojonuda le estoy gastando, jajaja”. Lógicamente, desde entonces, al igual que ocurrió con el perro, ellos dos también son amigos inseparables.
Vale que el individuo aquél era un imbécil categórico, pero es que al poco llegó su hijo, y ni siquiera éste se atrevió a entrar. Esperó a que su padre saliera a abrirle la puerta y sujetara al perro. El cual, de nuevo, se dedicó a gruñir gravemente. Pero para fiarse de un bicho cuya cabeza es tres veces la tuya.
La mayoría de los perros, sin embargo, son muy divertidos. Lo primero es que tienen que ser inteligentes para sobrevivir en un medio como ese y con semejantes cafres como dueños. Lo segundo es que suelen morirse de ganas de jugar, de que alguien les haga caso para algo que no sea darles una patada.
Me acuerdo de una explotación en la que otro mastín, este jovencillo, se había convertido en el claro jefe de la manada. Durante el almuerzo, bastaba una mirada suya, a metros de distancia, para que los demás perros no tocaran cualquier resto de comida que él enfocaba. Ninguno de ellos pasaba hambre, pero el monstruo este se comía hasta las peladuras de manzana, cosa que los demás no querían. Hubo ciertos momentos, cuando tenía que elegir entre muchos pedazos de peladura de manzana y restos de embutido, en los que no daba de sí. Entonces los subordinados le “robaban” más de cuatro bocados. Además, el bicharraco era un poco lento, se tomaba las cosas con tranquilidad y parsimonia, tanta que incluso para agacharse a coger algo del suelo necesitaba abrirse de patas delanteras para poder llegar al suelo. Fue especialmente divertido cuando vino a tumbarse al lado nuestro y le tiramos comida a la cabeza (los otros perrillos, a fuerza de que el grande no se lo robara, sabían cogerlo en el aire). Era tan pasota que dejaba que le diera, le rebotara y entonces intentaba acercárselo con la pata hasta la boca, arrastrándolo por el suelo. Si no lo conseguía, se arrastraba él de lado, hasta la comida. Y si finalmente tampoco lo conseguía, se dignaba a levantarse y engullir otro sabroso pedazo de piel de mandarina.
Eso sí que es la ley del mínimo esfuerzo. Porque no hay animal que no se parezca al amo.