Conversaciones Carlistas en medio de una ventisca
La primera conversación interesante de la tarde fue la que mi jefe no mantuvo conmigo, sino con el veterinario que estaba antes que nosotros ecografiando a las ovejas.
Versó sobre cierto compañero del Colegio al que diagnosticaron leucemia hace dos meses. Vale que es una putada para él y su familia, sobre todo porque es autónomo y no tiene seguro, pero no es ético lo que trata de hacer ninguno de ellos. Lo mire como lo mire, y no por el enfermo precisamente, se trata de una injusticia más en el mundo. Lo primero que hay que tener en cuenta es que el enfermo está respondiendo muy bien al tratamiento; tanto que ya le han dado el alta. Sin embargo, no debe de ser verdaderamente consciente de que no puede ni podrá trabajar en ambientes cargados de patógenos como el nuestro hasta dentro de muchos años. No hay cliente que esté dispuesto a soportar esto por muy bueno que sea. Sus animales necesitan cierta atención y no entienden de citas previas.
Entre las injusticias, primero resulta que la solución a su obvia indisposición para seguir él solo con su ADS no es contratar a un ayudante, sino repartirse los clientes de la misma en una especie de merienda de veterinarios negros, donde los “negros” son otros veterinarios amigos suyos. Por cierto, que sus amigos son todos dueños de alguna ADS de la provincia, ya que el año que se inventó e instauró el rollo este de las ADSs, mi jefe y todos sus amigos terminaron la carrera y se las repartieron a dedo. No tengo más que decir que todo ellos tienen casi casi la misma edad, con un intervalo máximo de 5 años (mi jefe, desgraciadamente, es de los jóvenes).
En segundo lugar, informo de que el veterinario al que han decidido darle la parte mayoritaria de la ADS de forma “temporal” es justamente el que estaba ecografiando cuando llegamos allí. No obstante, son tan inútiles que, aun jugando con semejante ventaja, han dado tiempo suficiente para que reaccionen los de cierta cooperativa aragonesa (compuesta por esclavistas y sacasangres de veterinarios recién licenciados). Si bien los segundos son unos grandísimos hijos de puta que no merecen los favores de ningún veterinario que se precie, tampoco creo que el perpetuar un sistema feudalista-caciquista como el que pretenden los de las ADSs sea mucho más ético. Esto y cómo les denominaba “mamones” mi jefe fue de lo poco que pude oír con ventisca y desde 3 metros de distancia, mientras el mismo me daba la espalda y se alejaba de mí, todo seguramente a sabiendas en un intento de dejarme al margen.
La tercera injusticia es que la hermana del enfermo, funcionaria de la DGA, se supone que le va a intentar “enchufar en algún rincón”. Según mi jefe, tendría que ser “funcionario de lo que sea, si fueran medio normales”. Como si fuera normal o siquiera justo.
La segunda conversación comenzó así: “¡ah!, que me han dicho que tu vecina ha abortado”. ¿Mi vecina? No sabía en quién pensar, ya que en el pueblo vivo prácticamente solo y rodeado de septuagenarias. Por supuesto, mi vecina no era otra sino la veterinaria trepa aquella que, a modo de bienvenida al gremio, me hizo un par de putadas gordas (las expliqué en el anterior y difunto blog).
No sé si es que soy muy malo o me estoy volviendo, pero no inspiró en mí la más mínima pena. No es que me alegre, ni muchísimo menos, pero si esperan que vaya a su casa a expresarle mis sentidas condolencias, no me sale. No soy tan hipócrita.
Lo único que me salió fue preguntarle a mi jefe si había sido consecuencia de la brucelosis (fiebres maltas). Me lo tenía que haber callado, más que nada para contar con información que los demás desconocen. Mi jefe no sabía nada del asunto. Yo lo sabía porque el médico del pueblo es un poco bocazas y me lo soltó un día que fui a hacerme un chequeo (el único día que he ido).
Hay días en los que, después de todo, no tengo muchas ganas de tomarme las cosas con humor, sobre todo in situ. Estuve tan enfadado que cuando al regresar mi jefe me estaba contando lo de la otra veterinaria, dejé caer mi cabeza de lado y me puse a roncar con los ojos en blanco. No quiero ni pensar lo que hubiera dicho o hecho si me llega a pillar.
Tal vez la entrada contenga algún punto gracioso, pero no ha sido mi intención más expresa. Pese a todo, el tiempo enfría las cosas y como he sido sarcástico, no dejo de ponerle la etiqueta correspondiente.
Paula dijo:
10 Marzo 2009 a 11:37
“Estuve tan enfadado que cuando al regresar mi jefe me estaba contando lo de la otra veterinaria, dejé caer mi cabeza de lado y me puse a roncar con los ojos en blanco. ” -> Pues a mí, imaginarte haciendo esto, me hace mucha gracia, en serio.
Hummm… así que tener cualquier tipo de cáncer, y aún encima con buen pronóstico, te da derecho a una plaza fija currando para el estado… hummmm interesante. ¿Esta gente se cree que es como la ONCE o qué? Qué morro… ¿ves como han tenido siempre la vida solucionada? Si no, no dirían esas tremendas chorradas.
Tsukway dijo:
13 Marzo 2009 a 20:27
Exacto. Esta gente se ha encontrado la vida resuelta. Encima, lo único que hacen es no dejar que los demás se la resuelvan aunque sea a golpe de espalda o de codos (estudiando unas oposiciones).
Lo malo es que no es así solo en mi gremio, sino en casi toda España, digan lo que digan .
Paula dijo:
13 Marzo 2009 a 21:59
Pues sí, que ciertas enfermeras se quejan porque tienen que homologar su título de ATS (un curse de FP) con el de DUE y que claro, que aún encima ahora con lo de Bolonia… ¡¡y eso que las tipas tienen plaza fija desde hace décadas y no tuvieron que estudiar tan apenas!! Y no lo digo yo, se lo he oído decir a ellas: “no estudié en mi día y voy a tener que estudiar ahora”
Por cierto, mira si son dejadas que la diplomatura en enfermería existe desde el 77 y aún no han hecho el examen para convalidar títulos… ni lo harán; están esperando a la jubilación, SEGURO.