Solo y al frente de la empresa II

31 Julio 2009 at 21:11 (Aventuras y Desventuras) (, )

Cuando alguien dijo aquello de “nunca segundas partes fueron buenas”, evidentemente hablaba sólo de películas. En este caso me ha ido bastante bien la semana, con bastante poco trabajo y quedando a las horas que yo consideraba oportunas con los ganaderos. Ojalá fuera así todo el año, especialmente porque me organicé casi toda la semana el lunes. La excepción fue un pequeño ajuste el martes.

El próximo lunes, con mi jefe de vuelta, comenzará otra vez la rutina esa estúpida que tiene de no llamar al ganadero hasta las 22 para avisarme a mi a las 23 (hora arriba hora abajo). Qué chollo es eso de ser tu propio jefe, sobre todo si ganas el pastón que el mío.

En definitiva, que la semana ha sido muy ligerilla, después de todo he quedado bastante bien con mi jefe, y me he perdido ver alguna final del Campeonato Mundial de Natación de Roma.

Hoy no voy a escribir más, simplemente porque antes ya he escrito un pedazo comentario que en realidad es toda una historia en sí mismo.

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Cambio de casa y vacaciones

26 Julio 2009 at 19:08 (Aventuras y Desventuras) (, , , )

Otro suceso importante en estos últimos meses ha sido que mi novia por fin ha encontrado un trabajo en Teruel. Estamos contentos porque además de ofrecer cierta estabilidad a medio plazo, está bien remunerado y los compañeros de trabajo son mucho más normalitos. Supongo que esto último tiene que ver con la geografía y  sus gentes, ya que desde luego no es igual de abierto (y amable) un turolense que un madrileño (o un guadalajareño, por extensión).

Lo malo es que se pegó una paliza buscando piso para poder vivir con Calimero sólo un mes antes de venir. También se tuvo que comprar coche por el animal, coche que ahora nos sobra y, encima, se le llenó de bollos con una granizada que cayó el día que comenzó a trabajar aquí. Por lo menos justo aquel día yo libré, con lo que no me pasó nada.

Tras habernos dado otra paliza buscando piso en Teruel capital, parece que por fin hemos encontrado uno aceptablemente bueno (podíamos elegir, en toda la ciudad, entre 9 pisos). Teruel es una ciudad curiosa en cuanto a pisos de alquiler se refiere. Toda la gente de los pueblos de alrededor tiene piso en Teruel, pero no lo usan porque les parece pequeño. A nosotros, que hemos visto bastantes pisos de obra nueva, estos pisos de 4 habitaciones, 2 baños, cocina separada del salón, recibidor, trastero y plaza de garaje sobradamente ancha, nos parecen más que suficientes para una familia entera. Desde luego, para nosotros dos y el perro nos parecen de todo menos pequeños.

También es curioso que tanto piso vacío e inútil no salga en alquiler o venta, ni siquiera con la crisis (tal vez aún no haya llegado a Teruel –aquí estas cosas llegan con dos años de retraso–).  La mayoría tienen miedo de que se lo estropeen u “okupen”. Por ello, aunque venga poca gente a esta ciudad en comparación con la que emigra, al haber tan pocos pisos, los precios no tienen nada que envidiar a los de Zaragoza (aunque en Zaragoza sean pisos más pequeños).

Sin embargo, contrariamente a la absurda idea general que mantienen de “que me devuelvan el piso como si no lo habitara nadie”, los pocos pisos que salen están pensados para estudiantes de la Universidad (muy favorecido por ser pisos tan grandes). Sumándolo todo, los alquileres son exagerados para una ciudad tan pequeña.

Antes de que mi novia viniera, solicité vacaciones a mi jefe. Generé un problema gordo. En vista de su política de hacerlo todo a última hora y mal, por una vez yo también lo hice así. En cuanto vi un billete de avión barato, lo compré sin pensármelo dos veces. Luego se lo dije a mi jefe (todo con más de 2 meses de anticipación). Se enfadó un montón conmigo porque coincidían con sus vacaciones “imposibles de cambiar” (mentira). Para mí lo peor es que creo que le refresqué en la memoria aquel otro rebote que le provoqué hacía poco tiempo.

Tomé la decisión de apechugar y decirle que era imposible cambiar el vuelo de fecha (en realidad ni siquiera lo intenté, ya que me temía lo peor para mi bolsillo). Su enfado fue a más, es decir, vuelta a no hablarme excepto para replicarme que aunque me fuera el martes en vez del viernes “con eso no le arreglaba nada”. Buscó a uno de sus amiguetes (uno de esos que, casualmente, son todos dueños de su propia ADS), concretamente aquél con el cual fui a currar durante toda una semana a cambio de vete a saber qué trapicheos.

Mi sentimiento de culpa se apaciguó un poco con esto, ya que sentía que me deben algo por aquella semana. Aun con todo, le dije que yo le haría las guardias al otro veterinario la semana que se fuera de vacaciones (así de tontilán soy). Me replicó que no, que dejara el asunto y que no volviera a repetir la jugada.

Cuando las cosas volvieron más o menos a su cauce habitual, resulta que Eva cambió de curro y, todo el rollo este, no me sirvió para nada, ya que al final hemos tenido que cancelar las vacaciones. A mi jefe le dije que decidí cancelarlas porque había sido error mío. Ni una palabra más.

En cuanto al viaje, la semana que viene tenemos reservado un vuelo Zaragoza-Roma que no podemos cancelar ni cambiar, dado que no devuelven el dinero (aunque vayas con un mes y pico de antelación), y es más caro cambiarlo de fechas que comprar uno nuevo. Mis temores económicos se han confirmado (el motivo por el cuál ni siquiera intenté cambiar el billete en un principio).

Hoy no voy a escribir más, ya que en realidad este tema es compartido y no quiero chafar a nadie entradas de blog (otra de mis ironías).

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Los estudios

22 Julio 2009 at 23:50 (Aventuras y Desventuras) (, , )

Con respecto a los estudios y tanto que tenía que estudiar, todo ha acabado felizmente para mí. He aprobado ambos idiomas y ya me he matriculado para el año que viene. Esta vez sólo de francés, aunque sólo sea porque no hay más cursos de inglés (gracias a Dios).

Pero no todo lo relacionado con la Escuela Oficial de Idiomas fue estudiar o practicar escuchas. También participé en un concurso literario. Aquí os linko a la página web que contiene, entre otras cosas, las bases y un artículo del Diario de Teruel. Participé por partida doble (inglés y francés), con la oculta esperanza de salir ganador en ambas modalidades o mínimo una (el premio me motivaba). Finalmente, resulté ganador de la modalidad básica de francés 1 (foto pequeña y foto grande 2).

Por cierto, el concurso fue en Febrero y me declararon vencedor en Marzo. Otra muestra más de cuántas cosas he dejado de contar.

Centrándome en el premio, éste consistía en un cheque regalo por valor de 75 €, intercambiable por CDs y DVDs en cierto local de Teruel. No deja de tener gracia que la matrícula de un idioma cuesta algo menos que eso, así que se podría decir que he ido gratis a un buen curso de francés a cambio de cuatro folios tontos.

Aún más gracia tiene si tenemos en cuenta que el relato de francés, de supuesto nivel básico, lo hice por mera inserción del relato de inglés, de (supuesto) nivel avanzado, en un robot traductor de Internet. Luego me limité a retocarlo. No fue muy ético, pero carecía de tiempo para inventarme nada nuevo y estos recursos (gratuitos en Internet) están al alcance de todos hoy en día. Además, en el fondo no me hizo ni pizca de gracia que resultara ganador el de francés y no el original de inglés, ya que en el primero invertí 2 días y en el segundo 2 semanas.

Desde el principio sospeché que me habían dado el premio de francés por haber sido un concurso “casi-desierto”. Vamos, que yo creía ser el único participante. Algo que, en mi fuero interno, deseaba desde el principio y me incitó a participar con deseos de hacer doblete. Sin embargo, había un participante más, el cual, por lo visto, invirtió 2 horas de resaca. Con lo cual, al final, no me siento mal conmigo mismo para nada.

Volviendo al cheque regalo, no sé qué carajos pasa con los de la tienda esa, pero, tras 3 meses y medio, por fin recibieron mi pedido completo la semana pasada. Ni que les hubiera pedido DVDs de coleccionista (han sido documentales de National Geographic y de la BBC). A veces el clima de tranquilidad de esta ciudad me desespera.

Lo peor ha sido que, después de haberme dicho que ya los tenían todos, resulta que les faltaban los de la BBC (en concreto los de Tierra), porque no me los habían guardado. Cuando fui en Abril, los tenían en el expositor, y se los pedí. Pero como no se tomaron nota de que iba todo el paquete junto (me tengo que gastar el vale de 75 € de golpe), con los meses se creyeron que era para uno de esos que piden y luego no recogen. Así que lo han vendido y tengo que volver a esperar vete a saber cuánto tiempo. Espero que ahora no me vendan los de National Geographic y volvamos a la situación de 3 meses atrás.

Lo gordo del asunto es que, encima de mal servicio, intentaron timarme dándome no sé qué documental que en el título ponía escrito algo de “Tierra”.  Les dije que ni hablar, que yo quería los que había reservado. Pasado mañana voy a ir a la tienda a cantarles las cuarenta, para que por lo menos no me vendan los que ya tienen allí guardados.

Por otra parte, los de la EOI publicaron más relatos míos. Al profesor de inglés le gustó cierta “broma literaria” que le entregué como tareas de casa (ésa es la mejor traducción que se me ocurre en este contexto para “hoax”) 1. Por ello, decidió rellenar una columna de la revista del colegio basándose en ella. Casualmente, a los pocos días, aparecieron todavía más noticias sobre el boom paleontológico que se está dando en Teruel.

Para terminar, tengo que volver al relato corto en francés. La semana pasada, durante las Fiestas del Torico, me encontré con cierto compañero de clase de inglés en la famosa Peña del Ajo. Se trata de un hombre que ronda los 55.

Tuvo mérito por verme de lejos y venir a saludarme, pero aún lo tuvo más por encontrar el relato de francés y comentármelo por diversos motivos.

Primero, lo encontró, con todas las dificultades que comento a pie de página. Sobre todo, el referente al error de imprenta, que con el nombre que me bautizaron mi excompañero se lo tuvo que currar. Supongo que me vería en la foto de la revista impresa (mucho más breve que la electrónica) y luego buscaría ex-profeso mi relato en Internet, pese a que nadie dijo en ningún sitio que publicarían ahí los relatos ganadores.

Segundo, leyó algo en francés, idioma del cual dudo que sepa absolutamente nada en vista del nivel de inglés que tiene. Lo digo porque, por ejemplo, se dedicaba a traducir dichos españoles tal cual al inglés. Imaginaos el absurdo lingüístico-cultural de, por ejemplo, “to have the fly behind the ear”. Me parece inexplicable que esté en el curso que está.

Tercero, con lo tocado que iba, aún tuvo el valor de comentármelo y, atención, corregirme. (No penséis tan mal, y continuad leyendo.) Parece ser que llevo toda la vida creyendo que son “Las Fiestas del Ángel Caído”, cuando en realidad son las del “Ángel Custodio”. Mucho más sentido para unas vaquillas de origen no-satánico. Todo este tiempo diciéndolo en voz alta y he tenido que esperar a escribirlo en un concurso público, para que venga alguien que no es del jurado ni profesor, y me corrija.

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El trabajo: rutinas y cambios

16 Julio 2009 at 13:27 (Aventuras y Desventuras) (, , , )

En relación con el trabajo voy a empezar con un par de visitas que me hizo Álvaro. En la primera tuvo gracia que me llamara justo un día que había soñado que había desaparecido algo de material del trabajo, acto del cual le imputaba a él como culpable (en el sueño). A su marcha, de recuerdo me dejó un apretón de manos todo lo fuerte que pudo, con ambas manos, gracias al cual me acordé de él durante un par de días.

En la segunda visita me llevó a Ojosnegros, donde sólo vi la casa-museo de sus abuelos. La casa muy chula, pero una pena que no pudiera ver mucho el resto del pueblo.

En referencia a mi jefe y su estilo de conducción, las cosas siguen más o menos igual. Sigue metiendo sexta en los mismos tramos imposibles y yendo en tercera cuarta autovía.

Tras el cambio dientes naturales por todo implantes, aún tuvo que desaparecer, que yo sepa, hasta cuatro días en semanas consecutivas para irse a Valencia a que le repararan dientes que partía mientras dormía (la última mientras se comía un donut enfrente de mí). Me explicó que, según le contaba su mujer, los rompía porque mientras duerme (y sueña) “rechina los dientes”.

Le podría haber añadido que ese “rechinar de dientes” seguramente se corresponda con las contorsiones y muecas que también pone mientras conduce. Esa especie de tic que se pone a hacer bien porque cree que nadie le ve, bien porque se pone a pensar en otra cosa y realmente le sale sin darse cuenta en absoluto. Por cierto, que lo mismo se aplica a comerse los mocos (otra de sus aficiones).

Peor aún, le podría haber dicho, en tono misterioso, que eso era “pura deformación profesional”, por eso de que trabajamos con animales rumiantes. Ahondar después en los motivos del sentido de la frase, e incluso llegar a explicarle que le denomino “jefergúmeno rumiante”, habría dependido de la velocidad con que quisiera verme en la cola del INEM.

Volviendo a sus dientes, tras haberle pegado los trozos tantas veces, al final le tuvieron que fabricar una especie de molde de goma. Supongo que será algo así como lo que se ponen los boxeadores para que no les salten los piños, sólo que con un valor de 1.500 € o así.

Cambiando de historia, me acuerdo ahora de cierto día que tuvimos que ir a su casa a recoger material que se había olvidado de traer al trabajo. Tras cruzarnos con uno que conducía bastante mal (carril contrario), me dijo “es increíble la cantidad de imbéciles que vienen aquí arriba”, esto es, a su casa semi-ilegal. Al cabo de medio minuto del más absoluto silencio, durante el cual yo estaba pensando en las musarañas, me añadió “he dicho ‘que vienen ellos’, no ‘que venimos nosotros’, que ya sé lo que estás pensando sobre mí”. Me reí, claro está.

Pero, por supuesto, no todo en el trabajo es mi jefe. También está el sueldo que me paga. ¿Recordáis que estaba desesperado por conocer el valor legal del kilómetro andado con mi furgo? Haciendo cuentas, llegué a la conclusión de que algo justo serían 0,32 €/km.

Precisamente esto es lo que le pedí, pero no se dignó a explicarme en ningún momento si le parecía bien o qué. Tuvo el valor de hacerme volver a echar cuentas cuando vi la nómina, para al final llevarme la agradable sorpresa de que me paga exactamente eso, pero no la factura del taller por el equilibrado de ruedas que tuve que hacer tras salirme en aquel camino embarrado.

Ahora más en serio, además de mi jefe o cualquier cosa relacionada con él, en el trabajo me encuentro, por supuesto, a los clientes y sus animales. Sé que me debería apuntar cada vocablo y expresión extraña mal usada, pero eso requeriría ir con libreta y lápiz y quedar bastante mal con todo el mundo.

Por esto, ahora mismo sólo soy capaz de recordar un día que cierto vagucio de campeonato, que sólo arrimaba el hombro cerca de mí para decirme “oye, chico, haz esto”. Dos años y medio viéndome por ahí, y la gente aún me llama por el nombre de mi jefe o, peor aún, por “chico”. Tantas veces me dijo “oye, chico”, que os prometo que estuve a un tris de responderle “dime, Harpo”, con la doble intencionalidad de decirle que menos rajar y más trabajar. Debido a que tanta complejidad mental hubiera sido contraproducente para mí, por hacerme quedar como el hippie fumao incongruente, me callé. Paradojas de la vida esto de que te tengas que callar cuando sabes algo para no parecer idiota.

En esa misma explotación también me pasó una cosa curiosa con una burra. Mientras me cambiaba de ropa, se acercó a olisquearme muy de cerca. Cuando me vestí, la burra permaneció por mis alrededores. Luego oriné (necesidades fisiológicas de uno), tras lo que se arrimó a olisquear mi charquito de pis. En esto pensé “vaya, ya estoy orinando otra vez dulce”. Sin embargo, me pareció realmente peculiar que, acto seguido, la burra orinara semejante riada justo encima de mi charquito. Inmediatamente después volvió a quedarse de espaldas enfrente de mí. Entonces, observándola desde ese ángulo, dejé de lado mis teorías sobre ese curioso caso de territorialidad pollina, para descubrir el verdadero por qué. La burra estaba en celo y me estaba tirando los tejos desesperadamente. No pude evitar recordar cierta historia sobre burras.

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Calimero rebelde büey

15 Julio 2009 at 11:01 (Aventuras y Desventuras) (, , )

Durante todo este tiempo que no he escrito, realmente no he dejado de tener motivos para no haberlo hecho. El problema ha sido la escasez de oportunidades y tiempo.

Me han pasado muchas cosas, de muy diferente tipo. Voy a realizar un repaso de todo. Aunque al principio pretendía que fuera rápido y breve, al ponerlo todo junto he visto que era muy largo e imposible resumirlo más. Así que lo he dividido en secciones que publicaré en sucesivos días, y lo he explicado todo lo que me ha dado la gana.

Empiezo con Calimero porque anteriormente le culpé de robarme tiempo. Tiempo que, dicho sea de paso, prefería dedicárselo a él que a la pantalla del ordenador o, peor aún, a estudiar.

Me habría encantado explayarme (y presumir, para ser sincero) con cantidad de cosas. No obstante, las voy a resumir en una central: es mucho más inteligente de lo que me figuraba. Baste decir que, cuando ya no sabía ni qué cosas nuevas enseñarle, se me ocurrió decirle “salta” y, tachan tachan, a la primera la hizo bien. Las subsiguientes todas perfectas y a la primera, dandole igual que se tratara de charcos, acequias, cuerdas, vallas… Me costó cero intentos y cero molestias.

Mi hermana Carmen también le enseñó un truco nuevo, aunque fuera con algo más de paciencia. Digo “algo” porque siete minutos son, según se mire, mucho más que los cero segundos invertidos en “salta”.  Le enseñó a dar el “guante”, que es lo que viene a ser en otros perros “pata”, pero en este caso adaptado a los graciosos guantes y calcetines de Calimero.

Lo de que me dé el “calcetín” aún no lo he probado, pero lo que sí le enseñé antesdeayer, en tres intentos, fue a que pasara por dentro de tubos de obra. No se atrevía porque no sabía lo que había al final y porque al irle un poco justo y no poderse dar la vuelta, su instinto le decía que ni de coña.

Y así con multitud de cosas que aprende al vuelo, como que sabe diferenciar, aún no sabemos cómo, cuando Eva va al garaje y cuándo a la calle.

Sin embargo, como perro y cachorro que aún es (con 7 meses, unos 22 kg, y creciendo), cuando lo dejan solo se aburre y se dedica a hacer trastadas. La que más me ha fastidiado, por el tiempo que me va a costar repararla, es que se ha cargado las mosquiteras del piso de abajo. El problema es que como cada semana crece un poco más, alcanza nuevos lugares y yo tengo que enseñarle algo nuevo y divertido que no puede hacer.

Por supuesto también hace otras más inocentes y divertidas con las que se flipa mogollón, como morder agua del río como quien cata compulsivamente un montón de delicatessen gratuitas. O también correr en círculos por choperas recién labradas para levantar nubes de polvo tremendas en cada caballón. Realmente parece que entra en una especie de éxtasis compulsivo-lujurioso.

Creo que la palma de las trastadas se la lleva el día que, cuando yo aún corría más que él (esta semana por fin ya me gana), pretendió escapárseme para hacer lo que a él se le antojaba. Íbamos de paseo junto al río, un medio día que ya empezaba a apretar. Cuando me acerqué a un remanso del río para descansar, llamé al perro, el cual decidió que ni se acercaba al agua. “Cosa extraña, con lo que le gusta meter la tripa al agua a este perro”, pensé. Harto de llamarlo y que no sólo no me obedeciera, sino que me desafiara con su actitud chulesca, decidí darle caza.

Cuando lo alcancé, en medio de una chopera recientemente talada, sin querer pisé una rama que, a su vez, le dejó atrapado a él debajo. Así que, supongo que entre asustado y desafiante, en cuanto volví a acercarme al río, al primer reclamo que le lancé, Calimero no se lo pensó dos veces y decidió poner pies en polvorosa. Yo gritándole, sin moverme del sitio, confiaba en que se diera la vuelta y se percatara que no le perseguía, que todo había sido un accidente y yo no tenía malas intenciones. Lejos de esto, sin dejar de correr todo lo que podía, a los ciento cincuenta metros miró para atrás y luego, todo henchido, continuó al galope. Me quedé sentado un rato, pensando que ya volvería. Cuando me cansé, fui a buscarlo, a un paso tranquilo, aunque nada tranquilamente. Estaba que echaba chispas.

Lo divisé justo a la entrada del pueblo, jugando con unas ramas y de espaldas a mí. Me temía que si me veía echara de nuevo a correr. Con cien metros de ventaja, difícil lo iba a tener para pillarlo. Así que urdí el siguiente plan: me acercaría sigilosamente hasta unos cincuenta metros, donde aparecía una bifurcación del camino. Desde ahí le llamaría, para darle una última oportunidad de redención. Si Cali optaba por la senda del mal, que yo sabía que era lo más fácil y probable (el camino del mal siempre es el sencillo), yo optaría por la senda que discurría por mi izquierda. De este modo, en una maniobra envolvente, conseguiría atraparlo justo antes del lugar al cual me temía que su cerebro perruno le dirigía. Dicho lugar no era casa, sino otro perro amigo suyo con el que le encantaba jugar. Por supuesto podía equivocarme, y que después de todo me diera esquinazo en cualquier calle del pueblo. Pero no se me ocurrió nada mejor.

Dicho y hecho, una vez colocado estratégicamente, le llamé. Calimero dejó de retozar feliz para levantar los ojos. En cuanto me localizó, volvió a echar a correr. Sabía que no podía dejarle verme corriendo, así que ni paré a ver a qué ritmo estaba corriendo ni si se paraba. Una vez fuera de su campo de visión, calculé cuál sería el ritmo al cual tenía que correr para que llegáramos justo a la vez a la esquina donde pretendía darle emboscada. No quería ir más rápido de lo necesario porque sabía que tendría que esprintar para engancharlo. Mucho menos, tampoco me convenía ir más lento, porque en la calle que conducía a la que yo esperaba que él se dirigiera, no había un mal sitio donde esconderme, con lo que si me veía echaría a correr directamente hacia la carretera.

El cálculo lo hice sin dejar de correr, bajo un solitrón de castigo que, desde luego, no contribuía para nada a rebajar la ebullición de mi sangre. Cuando me faltaban 8 metros para alcanzar la esquina de la emboscada, Calimero apareció trotando. Lucía una sonrisa radiante. Su cerebro perruno estaría secretando endorfinas por partida doble: a veinte metros tenía un amigo con el que jugar horas, y al inútil de su amo lo había dejado con un palmo de narices demostrándole quién era el que mandaba.

Esos fatídicos 8 metros, un error en la llegada de tan apenas 2 segundos, podían ser fatales. Contuve la respiración, pero Cali había oído mi última zancada y se giró para buscarme. La suerte que tuve fue que yo, cual guerrillero contra las fuerzas de ocupación extranjeras, conocía el terreno, y él (todavía) no. Yo sólo podía quedarme quieto y sin hacer el más mínimo ruido, en medio de la calle, y esperar que a él no se le ocurriera mirar en mi dirección. Tuve suerte. Sólo miró hacia atrás en su misma dirección, por donde él creía que yo le perseguiría.

En cuanto pasó la esquina (todo lo anterior sucedió en 3 segundos o menos), cogí aliento, alcancé la esquina y me abalancé sobre él. Aprovechando el factor sorpresa y la inercia, no tuvo ninguna oportunidad. El cambio que sufrió su cara y cuerpo fue espectacular. De creerse el rey del mambo y verse más solo que la una, pasó a verse finado, conmigo salido de la nada y sin darle tregua. Si primero iba todo ufano y sonriente, con la cabeza y cola bien altas y el pecho fuera, luego se roscó como una sanguijuela contra la primera pared que pudo y empezó a llorar y gemir.

Debo confesar que sus cachetes se llevó, lo cual no justifica los alaridos que dio. Supongo que él realmente creía que le iba a matar.

En cualquier caso, espero que le diera que pensar y que no se le haya olvidado. Por mi parte, aquél día, una hora más tarde en clase de francés, no podía dejar de imaginarme al güey chingón ese campando tan chulo y sobrado. Ahora que veo que no tiene más prontos de dominancia ni rebeldía, me lo tomo más a risa.

Bueno, os dejo por ahora, que precisamente tengo que ir a ponerle a Cali un colirio con antibiótico en los oídos. El pobre lleva un mes con una otitis tras otra. Ya sé cuál es su punto débil.

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