Estoy en forma
Sé muy bien que es vicio bien asentado en la sociedad quejarse siempre de la situación personal de cada cual, especialmente en lo referente al trabajo. Por eso mismo he decidido que tenía que redactar nuevamente una entrada en la que hablara un poco de mi curro, pero intentando verlo desde el lado bueno. Sobre todo porque en adelante seguramente las de tono negativo serán la norma.
Probablemente lo mejor de mi trabajo es que estoy en plena forma. Debido a mi constitución, mi tercio anterior nunca ha destacado en cuanto a desarrollo, incluso habiendo entrenado durante muchos años a natación.
Sin embargo, a raíz del intenso esfuerzo llevado a cabo día tras día, en las condiciones meteorológicas más adversas, puedo decir que he adquirido una fibrosidad que no creía posible en mí. Digo fibrosidad porque lo cierto es que tampoco estoy musculado (ni me interesa).
Ahora, cuando me encuentro con el típico descabezado que en vez de estrechar la mano intenta fracturársela al prójimo, me permito el lujo de devolverle la caricia en vez de apartar la mano lo antes posible. Cuando me sucede esto, me divierte mirar a los ojos al destrozamanos para ver su cambio de expresión. Os aseguro que luego se acuerdan de medir un poco sus fuerzas, cosa que por otra parte yo mismo no he dejado de hacer. Así que no creáis que yo soy el bruto ahora.
Lo cierto es que el 98% de mi trabajo es físico, y seguramente el 90% recae en su totalidad sobre las manos. Pero es que además de este exhaustivo entrenamiento físico, que detallaré más adelante, estoy seguro de que el ambiente (refiriéndome a la meteorología y climatología) también es responsable en gran medida del incremento en la resistencia. No debemos olvidar que Teruel es una tierra de clima de extremos un tanto hostil, con grandes variaciones interestacionales e incluso intradiarias. Os recuerdo que podía pasar desde un frío prolongadamente doloroso [¡creía que ya había escrito sobre esto para citarlo!] hasta un calor deshidratante sin atisbo de agua [¡otra vez lo mismo!]. No en vano, en Teruel no existe ni la primavera ni el otoño; sólo hay invierno y verano.
Pero bueno, “lo que no te mata te hace más fuerte”, como creo que decía Nietzsche.
Al menos habitualmente puedo contar con un generoso almuerzo, al cual me invitan. Por ello, sería una tremenda grosería rechazarlo, aunque casi siempre sean huevos fritos. De lo cual podéis inferir que sigo una dieta de deportista de élite, como el famoso Michael Phelps en sus desayunos.
Por el contrario, al cabo de tantos años de ovodieta, cuando en casa cae al buche otro huevo, me sienta algo mal, y no es por tener pretensiones de caníbal. En cualquier caso, por esto y otros motivos que no vienen al caso, no me muestro conforme con la famosa frase de Nietzsche.
Me despido señalando que he tomado la decisión de dejar para próximas entradas una descripción con el “entrenamiento” regular que he estado siguiendo durante 3 años y 7 meses, o, en otras palabras, en qué consiste mi trabajo el 98% del tiempo (si el 98% era físico, el 2% restante es intelectual).
¡Y estoy en forma los sábados! « Los mundos de Astracán dijo:
14 agosto 2011 a 11:35
[...] cuando más noto los beneficios del entrenamiento seguido. Por ejemplo, es cuando me cruzo con más “destrozamanos”. Los que no me conocen personalmente podrían imaginarse que a fuerza de abrir y cerrar la mano [...]
Todo sobre mi jefe: cómo se convirtió en tal « Los mundos de Astracán dijo:
25 agosto 2011 a 20:04
[...] a qué consistía, os remito a la serie de entradas que escribí hace un par de [...]
Carmen dijo:
28 agosto 2011 a 20:14
Quién comenta dejando como nombre el título de otra entrada y citando algo de ella? Es curiosidad…
Tsukway dijo:
29 agosto 2011 a 17:31
Esas citas aparecen de forma automática cuando yo hago referencia (mediante un link) a la entrada en cuestión.
En este caso en concreto, en la entrada “¡Y estoy en forma los sábados!” incluí un link a esta entrada. Más concretamente, el link aparece en el párrafo citado.