Todo sobre mi jefe: las cuentas claras [corregido]

29 agosto 2011 at 17:42 (Aventuras y Desventuras, Tocadas de…) ()

Alguien podría pensar que el balance anual de mi jefe no le permitía mantener una línea de teléfono para un empleado demasiado dicharachero (como si no pudiera descontarme llamadas inadecuadas) y menos aún un coche de empresa para los días que el empleado va solo a trabajar. Un coche que ni mucho menos tendría que haber sido de primera mano, pero sí apto para ir por caminos con piedras y baches de 20 centímetros (y a veces más).

Al principio yo no pensé mal, y de hecho bien contento que estaba simplemente por el mero hecho de trabajar (pese a los desplantes y otras cosas que ya comentaré). Simplemente creía que las condiciones no eran todo lo malas que podrían haber sido (ya comentaré cuáles son las condiciones habituales para un veterinario).

Pero un día, pese a todas las precauciones de mi jefe, que siempre intentaba dejarme de lado frente a cualquier comentario que me permitiera enterarme de los asuntos de la empresa o cualquier posibilidad de mejora profesional, leí una factura a un ganadero. Para poder realizar extrapolaciones fiables, tuve que plantearle alguna pregunta “inocente” en posteriores días, lo que me permitió averiguar que el sistema que sigue es por tramos. Es decir, cuantas menos ovejas tienes, más caro te resulta el veterinario por unidad de tratamiento.

Sabiendo esto, el censo de ovejas de la ADS y cuánto pagaba por mis servicios (seguridad social mía incluida), cada mes del 2008 ganó más de 3.720 € (IVA descontado).

¿Os parece poco? No os preocupéis, que aún me falta la nada desdeñable parte de las subvenciones. Simplemente buscando en el BOA cómo pagan cada bolo colocado y cada tubo de sangre extraído para las campañas de erradicación de la brucelosis (ya he explicado adrede en qué consisten –1 y 2–), resulta que durante 2 años ha estado ganando 15.790 € más al mes (en posteriores años ganará sólo 6.890 más).

¿Os parece poco? A él sí, ya que además se dedica a hacer toros (en los festejos populares de los pueblos) y a realizar la campaña antirrábica, algo que os aseguro que no reporta mucho más de 2.500 € en todo el año. Esto es, 210 míseros euros extra que no deja que se ganen ni los empleaduchos que hay por ahí (no sólo yo).

¿Os parece poco? A su mujer por lo visto sí, ya que la excusa de que trabaja porque “no soporta quedarse en casa con los críos” no me la termino de tragar. Los tiene repartidos todo el año, entre el cole y las abuelas en verano. O si no, pagarían a una niñera, que pueden. Lo hacen por el dinero.

En definitiva, tirando muy por lo bajo y sin contar para nada con el sueldo de su mujer ni los numerosos trapicheos que se lleva entre manos, gana 19.510 € al mes.

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3 comentarios

  1. Paula dijo:

    Eso es definición de tacañería y avaricia, lo demás chorradas.

  2. Tsukway dijo:

    Perdón, pero al repasar ahora la entrada, he comprobado que cometí errores importantes en las cuentas.

    En contestación a Paula, tacaño no era, la verdad, ya que más bien era despilfarrador.
    Esto me recuerda que según él, y no digo que no tuviera razón, el tacaño era yo. Era por no usar nunca mi móvil (siempre aludía a estar fuera de cobertura, aunque casi siempre era verdad).

  3. Todo sobre mi jefe: las cuentas claras, y el chocolate espeso « Los mundos de Astracán dijo:

    [...] terminar, haciendo referencia al comienzo de la anterior entrada, es lógico que tuviera que ahorrar como una rata peluda durante más de un año sólo para [...]

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